sábado , 3 octubre 2026
Lección de Universitarios 2026

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Isaías, el profeta del evangelio

Isaías fue un profeta importante del Antiguo Testamento cuyos escritos se citan o mencionan a menudo en el Nuevo Testamento. Recibió su llamado al ministerio profético directamente de Dios. Abrumado por la santidad y la majestad del Señor, Isaías se dio cuenta de su indignidad. En ese momento, un serafín voló hacia Isaías con un carbón encendido tomado del altar celestial y tocó con él los labios del profeta, en señal de que Dios había purificado sus pecados (Isa. 6:7). Entonces Dios preguntó: «¿A quién voy a enviar? ¿Quién será nuestro mensajero?». La respuesta de Isaías debería ser la nuestra: «Aquí estoy yo, envíame a mí» (Isa. 6:8).

Dios preparó a Isaías para las respuestas decepcionantes que recibiría en su ministerio. A menudo, parecería que nadie escuchaba los mensajes que Dios le daba (Isa. 6:9-10). Sin embargo, incluso cuando su trabajo pareciera infructuoso, Isaías tenía que seguir compartiendo los mensajes de Dios y confiando en él en cuanto a los resultados.

El llamado de Isaías se produjo en un momento crucial de la historia de Israel. A pesar de sus propias debilidades, la tarea de advertir a Israel y a sus líderes de sus pecados era muy importante. Las profecías de Isaías son pasajes fundamentales de las Escrituras, que proporcionan una profunda comprensión de la naturaleza de Dios, la naturaleza humana y el desarrollo del plan de salvación. De hecho, una de las profecías sin duda más poderosas —que describe no solo la muerte de Jesús, sino también lo que esa muerte significó para el mundo— se encuentra en el famoso capítulo 53 de Isaías.

Las profecías de Isaías predijeron el propósito y la misión del Mesías (Isa. 53:3-5). Explican por qué Cristo fue llevado «como cordero al matadero» (Isa. 53:7) y cómo su sacrificio expiatorio salvó a su pueblo de sus pecados. El aspecto sustitutivo de la muerte de Cristo se describe explícitamente, revelando el fundamento de la expiación realizada en nombre de toda la humanidad. «Todos nosotros nos perdimos como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, pero el Señor cargó sobre él la maldad de todos nosotros» (Isa. 53:6). Este versículo describe de manera concisa la naturaleza universal del pecado, así como la naturaleza universal de la cruz, que es la solución al pecado. Este capítulo, quizá más que cualquier otro, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, muestra el plan de salvación en términos claros e inequívocos.

El llamado profético de Isaías no fue fácil. La gente consideraba absurdas sus terribles predicciones de destrucción, tal como muchos lo hacen hoy cuando se les advierte sobre las consecuencias del pecado (Rom. 6:23). El mensaje profético de Isaías para su época y para la nuestra es claro (ver Isa. 2:4; 5:20). Fue la negativa de la nación a reformarse y practicar la justicia lo que condujo a la destrucción de Jerusalén. El mismo pecado marcará la destrucción de los habitantes malvados de la tierra cuando Cristo regrese.

Lee Isaías 53. ¿Cómo revela tan poderosamente esta asombrosa profecía, escrita más de medio milenio antes de la cruz, la muerte de Cristo por nosotros? ¿Qué nos enseña esta profecía sobre el don profético?

Anota todo lo que Jesús hace por nosotros tal y como se describe en Isaías 53. ¿Qué gran esperanza puedes obtener para ti mismo de lo que la muerte de Cristo ha hecho por nosotros?

 

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Lección – Inverso 2026.
4to. Trimestre 2026 «EL DON DE PROFECÍA»
Lección 02 « EL LLAMADO DE UN PROFETA »
Colaboradores: Henry D. Gómez y Esther Jiménez

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