Cenar con Jesús
En su mensaje a Laodicea registrado en Apocalipsis 3: 14-22, Cristo nos confronta y nos desafía, pero también nos invita y apela a nuestro corazón. A los creyentes de los últimos días, nos dice: «Yo reprendo y corrijo a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y vuélvete a Dios» (Apocalipsis 3: 19). Nadie, ni siquiera por un segundo, podría decir con razón que Jesús no se interesa por nosotros o por nuestro futuro.
Piensa en lo fácil que habría sido para Jesús renunciar a hacerse hombre y no tener así que recorrer tan doloroso camino aquí en la tierra. Sin embargo, lo recorrió porque nos ama, y es precisamente porque nos ama de manera tan profunda que nos reprende por nuestro estado actual. Él quiere tener una relación mucho más sólida y profunda con nosotros. No está satisfecho con nuestras actitudes intermitentes, con nuestro enfoque de «iré a él cuando lo necesite». Nos reprende por nuestro propio bien. Nos dice que nos arrepintamos, y no podemos arrepentirnos a menos que nos demos cuenta de que hay algo mal, por eso nos ha dicho exactamente qué es lo que está mal en nosotros: que creemos que somos ricos cuando, en realidad, somos «desdichados, miserables, pobres, ciegos y desnudos» (Apocalipsis 3: 17). Aun así, por sorpresivo que nos resulte, nuestra condición indeseable no nos hace indeseables para Jesús. No, Jesús anhela tener una relación con nosotros, y se nos acerca con la intención de entrar en nuestro corazón. Nos dice: «Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a su casa y cenaremos juntos» (Apocalipsis 3: 20). ¡Qué pensamiento tan hermoso y extraordinario! El Dios del universo quiere sentarse a cenar contigo. Desea un compromiso mutuo y una conversación sincera mientras disfrutan de una buena cena juntos. Quiere una relación cercana y duradera con nosotros, y nos invita a tenerla.
Jesús espera pacientemente, llamando a la puerta de tu corazón. Quizás hayas visto ilustraciones de esto en libros infantiles: un Salvador alto y elegante, llamando educadamente a una puerta. No entra a la fuerza, ni te obliga a hablar con él. No se impone para que le dediques tiempo, ni interrumpe tu ajetreada vida. Espera a que aceptes su invitación. El tiempo es corto, así que, si lo oyes, abre la puerta; él estará ahí, listo para entrar en tu vida.
Esta metáfora ilustra el tipo de relación que Jesús quiere tener con cada uno de nosotros. Ese día en que nos encontremos cara a cara con él, cuando arrojemos nuestra corona a sus pies en adoración y alabanza junto con miles y miles de personas (Apocalipsis 4: 9-11; 5: 11-14), cuando intentemos recordar nuestras pruebas terrenales y descubramos que se desvanecen hasta convertirse en insignificantes, ¿crees que podríamos arrepentirnos del tiempo que pasamos con Jesús durante nuestra vida en la tierra? ¡Claro que no!
Jesús está llamando a la puerta. Te está llamando ahora mismo, pero debes tomar la decisión consciente de abrirle tu corazón. El hecho de contemplar la cruz y su significado, ¿te motiva a tomar esa decisión?
2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 01 «UN CHEQUEO A TU REALIDAD ESPIRITUAL»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
