El Señor luchó por Israel
El elemento sorpresa dio a Josué y a su ejército una ventaja estratégica, pero la bendición de Dios es lo que les dio una ventaja decisiva. El Señor fortaleció a Josué para la batalla con estas palabras: «No les tengas miedo, porque yo voy a entregártelos, y ninguno de ellos va a poder hacerte frente» (Jos. 10: 8). Josué se enfrentó a una temible coalición de cinco reyes amorreos y sus ejércitos, pero permaneció centrado en el poder de Dios y no en la fuerza de sus enemigos.
Las tropas amorreas sufrieron graves pérdidas a causa del inesperado ataque de los israelitas, pero una tormenta que dejó caer grandes piedras de granizo causó aún más bajas (v. 11). La combinación de la espada y el granizo permitió a Israel obtener la victoria aquel día. El esfuerzo humano cooperó con el poder divino. A menudo tenemos la tentación de pensar que la fe nos permite quedarnos al margen como espectadores mientras Dios hace todo el trabajo duro, pero Dios nos llama a involucrarnos. La fe requiere acción (ver Sant. 2: 18).
Mientras Josué observaba el sol, calculó que el día acabaría antes de que terminara la batalla, así que el enemigo podría escabullirse en la oscuridad. En una de las oraciones más audaces de toda la Biblia, le pidió a Dios que el sol se detuviera en el cielo para que el ejército de Israel tuviera tiempo suficiente para obtener una victoria decisiva (ver Jos. 10: 12-14). Dios concedió la audaz petición de Josué, deteniendo la rotación de la Tierra y manteniendo el sol quieto en el cielo. Sin embargo, este espectacular milagro no hizo que Israel disminuyera sus esfuerzos. Josué lideró la carga contra los cananeos, lanzándose a la lucha con decisión. Aunque Dios quiere que nos apoyemos en él para obtener fuerza, apoyo, guía y seguridad, nuestra fe en sus capacidades nunca debe ser una excusa para la inactividad. Israel luchó duro y durante mucho tiempo porque confiaba en que Dios estaba con ellos.
La Biblia dice que «el Señor peleaba a favor de Israel» (v. 14). En este caso, Dios les había prometido la victoria (v. 8). Hoy, nosotros también podemos orar para que Dios pelee nuestras batallas contra Satanás y contra nosotros mismos, porque él nos ha prometido la victoria en su nombre (ver Sant. 4: 7). Sin embargo, en situaciones en las que Dios no promete la victoria (como en los conflictos interpersonales) debemos permanecer humildes y confiar en que él juzgará qué es correcto. Aquellos a quienes percibimos como enemigos nuestros también pueden estar orando para que Dios luche por ellos. No debemos esperar que Dios luche siempre por nosotros de la forma precisa que esperamos. En última instancia, debemos entregar la batalla al Señor y pedir que se haga su voluntad, incluso cuando eso pueda significar un resultado diferente del que nosotros deseamos.
Regresa al pasaje que has escrito o parafraseado. Analízalo directamente y reflexiona sobre su contenido con el máximo detenimiento.
- Encierra en un círculo las palabras, frases e ideas que se repiten.
- Subraya las palabras y frases que consideras más relevantes y que te resultan más significativas.
- Utiliza flechas para conectar algunas palabras y frases que se relacionan con otros conceptos similares.
- ¿A qué parece apuntar todo lo que copiaste y relacionaste?
Memoriza tu pasaje favorito de Josué 10, 11. Escríbelo las veces necesarias a fin de que te ayude a memorizarlo.
¿Cuándo ha peleado Dios tus batallas por ti? ¿Qué lecciones aprendiste?
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 08 «LECCION»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
kebo88 | kebo88 | kebo88 | slot gacor | slot gacor | slot gacor
