«¡Deja ir a mi pueblo!»
Una vez circuncidado su hijo y cumplido el pacto, Moisés regresó al monte de Dios y allí se reunió con su hermano Aarón. El mayor problema era lo que estaban llamados a hacer en Egipto: exigir al hombre más poderoso del mundo que dejara libres a los esclavos israelitas. Egipto era la nación más poderosa de la tierra y ya tenía una historia impresionante desde siglos atrás. Era la cultura más importante de la antigüedad. Suministró gran parte de la riqueza y los alimentos del mundo antiguo hasta la época del Imperio Romano. Moisés y Aarón fueron llamados a un enorme desafío.
Dios ordenó a Moisés y a Aarón que solo pidieran permiso para llevar a los hebreos en un viaje de tres días al desierto para ofrecer sacrificios al Señor su Dios (Éxodo 3: 18). No sabemos por qué la liberación de Israel comenzó con una petición de salir solo tres días. Algunos eruditos sugieren que Moisés fue deshonesto al pedir tres días, ya que él sabía que el plan era liberar a los israelitas por completo. Aun así, la Biblia deja claro que Moisés estaba haciendo lo que Dios le había ordenado. Entonces, ¿por qué Dios le dijo a Moisés que pidiera este viaje de tres días? Tal vez estaba tratando de suavizar el impacto de la eliminación de la mano de obra del faraón. También es posible que esto se refiera a la señal original que Dios le dio a Moisés en el monte Horeb: que los israelitas lo adorarían en Horeb, el monte de Dios. En cualquier caso, el faraón vio esta petición exactamente como lo que era: una oportunidad para descansar de su trabajo.
La controversia que siguió fue mucho más que el derecho de los israelitas a descansar de sus trabajos. Se trataba de su derecho a adorar a Dios. Para el faraón, se trataba de un desafío intolerable por parte de un dios desconocido y rival. Los faraones estaban obsesionados con representar su estrecha conexión con los dioses. Los monumentos que hemos encontrado indican que incluso afirmaban descender de los propios dioses. En la concepción del faraón, si los israelitas eran meros esclavos bajo su control, entonces, ¿por qué debería temer a su Dios? Con una actitud de incredulidad y desdén, el faraón escuchó a Moisés y a Aarón explicar que el Señor Dios de Israel había dicho: «Deja ir a mi pueblo al desierto, para que haga allí una fiesta en mi honor». A lo que, desafiante, respondió: «¿Quién es el Señor?» (Éxodo 5: 1-2). Moisés esperaba esta pregunta, incluso de su propio pueblo. No era de extrañar que el faraón también cuestionara la identidad de este Dios desconocido.
Regresa al texto que has escrito o parafraseado. Analízalo directamente y reflexiona sobre su contenido con el máximo detenimiento.
- Encierra en un círculo las palabras, frases e ideas que se repiten.
- Subraya las palabras y frases que consideras más relevantes y que te resultan más significativas.
- Utiliza flechas para conectar algunas palabras y frases que se relacionan con otros conceptos similares.
- ¿A qué parece apuntar lo que marcaste y relacionaste?
Memoriza tu versículo favorito de Éxodo 5–6. Escríbelo varias veces a fin de que te sea más fácil recordarlo.
¿Cómo crees que se sintió Moisés cuando iba a enfrentarse al hombre más poderoso del mundo?
¿Qué tarea aparentemente imposible te llama Dios a realizar?
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 04 «CONFRONTANDO AL FARAÓN»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
