La ironía de Dios
El faraón hizo todo lo posible por erradicar a toda una generación de varones israelitas. La orden final fue arrojar al río Nilo a todo varón recién nacido. En Éxodo 2, encontramos a una pareja de la tribu de Leví enfrentándose a esta realidad. Más tarde descubrimos que tenían un hijo varón mayor, Aarón, que para entonces tenía tres años (ver Éxodo 7: 7), y al menos una hija mayor, María, de quien no sabemos su edad.
Una vez más, como nos sucedió también en el estudio de la semana pasada, vemos que el agente que pretendía traer la muerte es utilizado por Dios para traer la vida. El faraón ordenó que los niños fueran arrojados al río Nilo, y Jocabed, la madre de Moisés, recurrió al mismo río Nilo como posible respuesta a su plegaria para que su hijo viviera. Ella elaboró una cesta flotante en la que colocó al niño de tres meses, que crecía rápidamente, y confió su posesión más preciada al río en el cual se suponía que debía morir. Cuando Jocabed se marchó, la hermana mayor de Moisés se escondió detrás de los juncos para ver qué pasaba. A María, la hermana mayor de dos hermanos menores, se la describe como una «joven» (Éxodo 2: 8). Almah, la palabra traducida como «joven», se utiliza normalmente para describir a una mujer en edad fértil. Este podría ser un punto importante. Si bien es posible que no hubiera sido asignada a la esclavitud como sus padres, tal vez tenía edad suficiente para meterse en problemas con las autoridades por intentar quebrantar las leyes del faraón respecto a lo que se debía hacer con los varones israelitas recién nacidos.
No sabemos cuánto tiempo continuó esta rutina, pero un día su secreto fue descubierto. La hija del faraón y sus doncellas descubrieron la cesta escondida con el bebé Moisés dentro (Éxodo 2: 5-6). Quizá porque la princesa fue compasiva con el bebé, María decidió que valía la pena correr el riesgo de hablar, y su rapidez mental reunió de nuevo a una madre con su hijo.
Es evidente que Dios actuó en la vida de este niño. En los primeros años de Moisés, sin duda oyó la historia de cómo las acciones de su madre y su hermana lo habían salvado de morir ahogado. Tal vez la historia fue una indicación de que Dios tenía planes especiales para él. Moisés sabía que su vida iba a ser importante. Solo tenía que asegurarse de estar preparado cuando llegara su momento. A la edad de cuarenta años (Hechos 7: 22-23), pensó que por fin había encontrado su oportunidad cuando vio a un egipcio maltratando a un esclavo israelita. Moisés era aceptado como egipcio por ser nieto adoptivo del faraón, pero en su interior era israelita. Pensó que había llegado el momento de defender a su pueblo.
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