martes , 29 septiembre 2026
Lección de Univversitarios 2025

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El centro de la adoración

Juan 4 es uno de los capítulos más poderosos de la Biblia. Somos testigos de cuán lejos llegará Jesús para llevar el evangelio a los perdidos. Era un tabú cultural para un hombre judío, y mucho más para un rabí (maestro religioso), hablar con una mujer samaritana. Los judíos y los samaritanos adoraban en templos separados, leían diferentes versiones de la Torá y no tenían contacto social entre ellos. Los samaritanos descendían de israelitas que se habían casado con extranjeros paganos después del cautiverio asirio. Como resultado de ello, adoptaron muchas prácticas idólatras (ver 2 Rey. 17). Los samaritanos también habían intentado sabotear la reconstrucción de los muros y el Templo de Jerusalén después del cautiverio babilónico (ver Esd. 4; Neh. 4: 1-3; 6: 1-14). Un «buen» judío jamás trataría con un samaritano, y la animadversión era definitivamente mutua.

Cuando Jesús le pidió a la mujer samaritana junto al pozo de Jacob que le diera de beber, rompió varias reglas culturales; de ahí la respuesta de la mujer: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?» (Juan 4: 9). Jesús le respondió diciéndole, básicamente, lo siguiente: «No tienes idea de quién es el que te está pidiendo agua. Si lo supieras, tú le pedirías a él agua viva, que sacia la sed espiritual del alma». Cuando la mujer pidió beber del agua que Jesús le ofrecía, él la sorprendió al revelarle que sabía de sus cinco maridos anteriores y de su novio actual a pesar de nunca haberla conocido antes (vers. 16-18). Su profunda comprensión de la vida personal de ella evidenció su ministerio profético y, al mismo tiempo, señaló la necesidad que ella tenía de arrepentimiento.

La mujer rápidamente cambió el tema a una de las controversias populares de la época: dónde se debía adorar a Dios. En los días de Esdras, cuando a los samaritanos se les prohibió ayudar a reconstruir el Templo de Jerusalén, construyeron un templo rival para sí mismos en el monte Gerizim. Esto fomentó la animosidad que persistió a través de los siglos, y fue a esta enemistad a la que hizo referencia la mujer samaritana. Cuando ella mencionó la controversia (vers. 20), Jesús respondió diciendo, básicamente, que lo que importa no es dónde adoramos, sino el espíritu con el que adoramos y la verdad que está en el centro de nuestra adoración (ver Juan 4: 23). Dios está buscando a ese tipo de adoradores. Como él es espíritu, quienes lo adoran deben tener su Espíritu Santo y su misma devoción a la verdad revelada por el Espíritu Santo (vers. 24). La mujer entonces señaló el día en el que el Mesías revelaría todas las cosas. Jesús le respondió: «Ese soy yo, el mismo que habla contigo» (vers. 26). Jesús reveló que lo que importa no es dónde adoras sino a quién adoras.

Regresa al texto que escribiste y estudia el pasaje.

  • Encierra en un círculo las palabras/frases/ideas que se repiten.
  • Subraya las palabras/frases que sean importantes y significativas para ti.
  • Dibuja flechas para conectar palabras/frases con otras asociadas o relacionadas.
  • ¿A qué parece apuntar lo que copiaste y relacionaste?

Memoriza tu versículo favorito de Juan 4. Escríbelo varias veces a fin de que te sea más fácil recordarlo.

¿De qué manera esta mujer samaritana entendió mal el verdadero objeto de la adoración?

¿Cómo desafió Jesús sus creencias sobre la adoración? Explica tu respuesta.

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
2do trimestre 2025 «DE VUELTA AL ALTAR»
Lección #07 «VERDADEROS ADORADORES»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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