Ropa de pieles por causa del pecado
El pecado de Adán y Eva generó una grieta en su relación con Dios y les robó su inocencia y su paz mental. Un sentimiento de vergüenza los invadió de inmediato y se escondieron de Dios (ver Gén. 3: 8). El pecado también añadió la realidad de la muerte a un entorno en el que, hasta entonces, no existía. Dios había advertido a Adán y a Eva que, si comían del árbol del conocimiento del bien y del mal, ciertamente morirían, pero para ellos esa idea era en gran medida algo teórico. No conocían por experiencia propia el pecado ni sus consecuencias. Desgraciadamente, aprendieron en seguida lo doloroso que son el pecado y la muerte.
Génesis 3: 16 al 24 describe los castigos que Adán y Eva sufrirían como resultado de su desobediencia. La vida sería difícil y dolorosa. Finalmente, su destino sería regresar al polvo al morir. Los primeros humanos perderían su hogar, su comunión cara a cara con Dios y su acceso al árbol de la vida (vers. 22-24). ¡Qué aluvión de sufrimiento causado por los placeres momentáneos del pecado!
En medio de estos pronunciamientos devastadores, Dios ofreció a Adán y a Eva una tremenda esperanza en Génesis 3: 21. Les hizo túnicas de piel y los vistió. Es interesante que Dios tenía innumerables materiales para confeccionar vestiduras para la pareja desnuda y pecadora, pero escogió la piel de animales. Las vestiduras de piel que Dios hizo requerían la muerte de un animal. Levítico 17: 11 nos ayuda a entender por qué era necesaria esta muerte: «Porque todo ser vive por la sangre que está en él, y yo se la he dado a ustedes en el altar para que por medio de ella puedan ustedes pagar el rescate por su vida, pues es la sangre la que paga el rescate por la vida». No hay perdón de pecados si no hay derramamiento de sangre (ver Heb. 9: 22). Dios no solo estaba cubriendo la desnudez de Adán y Eva, también estaba cubriendo su pecaminosidad.
En el Edén, Dios introdujo el primer altar en el que se sacrificarían animales para hacer expiación por el pecado. Esta idea de expiación sustitutiva más tarde se convirtió en la piedra angular del sistema de sacrificios judío. El altar del Edén, que produjo las vestiduras de Adán y Eva, prefiguró la muerte de Jesús en el altar de la cruz, un sacrificio que nos dio a cada uno de nosotros el manto de justicia de Cristo. Jesús, «el Cordero de Dios» (Juan 1: 29), pagó el precio por el pecado de la humanidad (ver Mat. 20: 28), pero no simplemente para que nuestros pecados fueran cubiertos; el sacrificio de Jesús eliminó nuestros pecados por completo. Por eso la muerte de Jesús es el sacrificio máximo que supera a todos los demás (ver Heb. 9: 23-25).
Los altares son lugares de amor, adoración, sacrificio, compromiso y devoción, todo lo cual Dios demostró en abundancia en el Edén. En el altar del Edén, Dios prometió restaurar lo que el pecado les había arrebatado a Adán y a Eva.
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Memoriza tu versículo favorito de Génesis 3: 16 al 24. Escríbelo varias veces a fin de que te sea más fácil recordarlo.
¿Por qué eligió Dios la muerte de un animal inocente para expiar los pecados de seres humanos culpables?
¿Cuál es la conexión entre el sacrificio y el amor? Explica tu respuesta.
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
2do trimestre 2025 «DE VUELTA AL ALTAR»
Lección #02 «APARECE UN ALTAR»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
