Perdón abundante y desbordante
Se dice que errar es humano y perdonar es divino. Esto es muy cierto. Cumplir con el estándar de perdón que Jesús estableció en Mateo 18: 21, 22 ciertamente requiere un poder externo a nosotros. En este pasaje, Jesús no estaba diciendo a sus discípulos que limitaran su perdón exactamente a 490 veces (un número que, a efectos prácticos, es incontable), sino que estaba recordando a sus seguidores que nunca dejaran de perdonar a los demás por sus malas acciones y que el perdón es incondicional. Por la gracia de Dios, los cristianos de corazón perdonador no limitan el número de veces que perdonan. Perdonan con la misma libertad la quincuagésima vez que la primera. El verdadero perdón nunca puede basarse en llevar un marcador.
En tiempos de Cristo, los rabinos judíos enseñaban que perdonar a alguien más de tres veces era innecesario. Se basaban en Amós 1: 3-13 para justificar su creencia de que Dios perdonaba a los enemigos de Israel tres veces, y luego los castigaba la cuarta vez. Al ofrecer el perdón siete veces (más del doble que el ejemplo del Antiguo Testamento del que ellos se valían), Pedro probablemente esperaba que Jesús le diera una palmadita en la espalda y le dijera: «¡Bien hecho!». Pedro y todos los que le escuchaban debieron quedarse atónitos cuando Jesús les dijo que perdonaran mucho más de siete veces. Aunque habían estado observando el perdón de Jesús en acción durante algún tiempo, todavía pensaban en los términos limitados de la ley y no en los términos ilimitados de su gracia.
La parábola del funcionario que no quiso perdonar (ver Mateo 18: 23-35) contada por Jesús justo después de su discurso de las «setenta veces siete veces» reveló que, si Dios perdona nuestra enorme deuda de pecados contra él, ¿no debiéramos estar nosotros dispuestos a perdonar a los que han pecado contra nosotros? El texto de Efesios 4: 32 es paralelo a este ejemplo, donde Pablo nos exhorta a perdonarnos unos a otros «como Dios los perdonó a ustedes en Cristo». Evidentemente, el perdón no ha de repartirse de forma limitada, sino que ha de ser abundante, desbordante e indiscriminado, así como la gracia de Dios se derrama sin medida sobre nosotros.
El perdón fue preparado para nosotros mucho antes de que el mundo llegara a existir (ver Génesis 3: 15; Efesios 1: 3-6; Apocalipsis 13: 8). Incluso antes de que nos creara a ti y a mí, sabiendo que nos rebelaríamos contra él y que necesitaríamos ser adoptados de nuevo en su familia, Dios hizo provisión a través de la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo. También debemos prepararnos para perdonar a los demás según el amor y la misericordia que Dios nos ha mostrado. Prepararse para perdonar puede ser algo difícil de hacer y podemos sentirlo como un golpe a nuestro ego (de santurrones). Sin embargo, así como Dios perdona nuestra multitud de pecados, también desea que extendamos la misma misericordia a los demás.
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Memoriza tu versículo favorito de Mateo 18. Escríbelo varias veces a fin de que te sea más fácil recordarlo.
¿En qué se diferencian la norma del perdón de Dios y la nuestra?
¿De qué manera el perdón de Dios hacia nosotros debería cambiar nuestra forma de perdonar a los demás?
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
1er trimestre 2025 «RENOVAR LA MENTE»
Lección 08 «EXPERIMENTAR EL PERDÓN»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
