El encuentro con el Señor resucitado

Los dos hombres corrieron al sepulcro, y ambos se fijaron en las vendas de lino que yacían allí y en la tela de la cabeza que estaba doblada y aparte (vers. 3, 5-8). Como resultado, ambos creyeron (vers. 8). Lo que creyeron exactamente no está claro, ya que aún no comprendían las Escrituras ni la resurrección de Jesús (vers. 9). Los lienzos recuerdan al lector la resurrección de Lázaro, que todavía estaba atado con vendas cuando salió de la tumba (11: 44). Los discípulos creían cada vez más que, de alguna manera, Jesús había quebrantado el poder de la muerte. Y ello a pesar de su incapacidad para entender plenamente la resurrección. Todo el concepto estaba más allá de su capacidad de comprensión.
Esa falta de comprensión resulta razonable. Los judíos no concebían a un Mesías moribundo, y mucho menos uno que resucitaría de entre los muertos. Por el contrario, los judíos entendían que habría una resurrección en el juicio final, no antes (11: 24). Los discípulos podrían haber venerado la tumba en honor de su Maestro, pero una resurrección era totalmente impensable. La resurrección fue totalmente inesperada, a pesar de las alusiones de Jesús a ella (Mateo 16: 21; Marcos 8: 31). No es de extrañar que la fe de los discípulos necesitara tiempo para desarrollarse.
Al quedarse sola, María lloró la desaparición del cuerpo (Juan 20: 10-11). Sus lágrimas la cegaron ante lo que estaba ocurriendo. Absorta en su dolor y confusión, aparentemente no dijo nada cuando vio a dos ángeles sentados en el sepulcro (vers. 12). En respuesta a la pregunta que ellos le hicieron repitió su deseo de saber dónde estaba «mi Señor» (vers. 13, nótese el énfasis en el pronombre personal «mi»). Entonces María vio a alguien que supuso era el jardinero (vers. 14-15). Le pidió información, y fue entonces cuando su mundo cambió para siempre, por segunda vez. Jesús la llamó por su nombre y ella reconoció a su Señor (20: 16). María fue la primera persona a la que Jesús se apareció después de su resurrección (Marcos 16: 9).
Jesús dijo a María que no lo retuviera, pues tenía que ascender a su Padre. Su preocupación por ella se hace evidente por el tiempo que pasan hablando. Antes de partir, Jesús le encarga a María que anuncie la buena nueva a los demás discípulos.
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Memoriza tus versículos favoritos de Juan 20 y 21. Escríbelos varias veces a fin de que te sea más fácil recordarlos.
Para los que están absortos en la confusión y en el dolor, ¿qué lecciones útiles pueden aprender de la historia de María?
¿Crees que algún día nos enfrentaremos a una situación semejante, en la que seamos testigos de acontecimientos que estén más allá de nuestra capacidad de comprensión?
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Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez