«Sean mi protección la integridad y la rectitud porque en ti he puesto mi esperanza” (Sal. 25: 21, NVI).
Cuenta una leyenda que, allá por el año 250 a. C., en la antigua China, un heredero al trono estaba a punto de ser nombrado emperador; pero para eso debía casarse. ¿Con quién se casaría?, era la gran incógnita. Y no había mucho tiempo para resolverla. Así que el futuro emperador decidió convocar a las más bellas jóvenes del imperio, para elegir entre ellas a la que compartiría el trono con él.
Una mujer que formaba parte de la corte, oyó la noticia y habló con su hija, pues estaba enamorada del futuro emperador. La joven era bella, así que decidió presentarse como candidata, a pesar de que era de familia pobre. Las jóvenes debían someterse a una prueba, en función de la cual, el futuro esposo elegiría a la mujer idónea. La prueba fue sencilla: el príncipe les entregó una semilla que debían cultivar; la que lograra la planta más linda con aquella semilla sería su esposa.
Por fin llegó el gran día. Todas las candidatas, nerviosas, presentaron sus macetas con flores espectaculares; todas, menos la joven humilde.
—Me casaré con la que trae la maceta sin planta —afirmó el futuro emperador, sorprendiendo a propios y extraños—. Les di a todas unas semillas estéril que jamás produciría planta alguna, y la única íntegra fue esa mujer. La integridad es una virtud que no le puede faltar a la que será mi esposa.
La Biblia también concede gran importancia a virtudes como la integridad y la rectitud, tal como leemos en nuestro versículo de hoy. Otras versiones traducen este pasaje como: «Que me protejan mi honradez y mi inocencia, pues en ti he puesto mi confianza» (DHH). Integridad, rectitud, honradez, inocencia, honestidad, todas estas virtudes señalan a lo mismo: hacer las cosas en conciencia, sin segundas intenciones, entregando lo mejor de una misma y dejando a Dios el resto. Eso nos blinda de los ataques de la gente envidiosa o mal pensada. Dios se encargará de que el tiempo nos ponga en nuestro lugar cuando hemos hecho las cosas de acuerdo a los principios de su Palabra. «Júzgame, Jehová, conforme a mi integridad» (Sal. 7: 8, RV95) denota un nivel de confianza que solo puede tener la persona que sabe que, en su corazón, habita el deseo de vivir una vida cristiana transparente y auténtica.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2020
“Un día a la vez”
Por: Patricia Muñoz Bertozzi
Colaboradores: Rosita Almazo & Paty Solares
