[Los] los saduceos y fariseos resolvieron conjuntamente hacer cesar la obra de los discípulos, pues demostraban su culpabilidad en la muerte de Jesús. Poseídos de indignación, los sacerdotes echaron violentamente mano a Pedro y Juan y los pusieron en la cárcel pública.
No se intimidaron ni se abatieron los discípulos por semejante trato… El Dios del cielo, el poderoso Gobernador del universo, tomo por su cuenta el asunto del encarcelamiento de los discípulos, porque los hombres guerreaban contra su obra. Por la noche, el ángel del Señor abrió las puertas de la cárcel y dijo a los discípulos: «Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida». Hechos 5:20.
Poco antes de su crucifixión, Cristo había dejado a sus discípulos un legado de paz: «L a paz os dejo —dijo—, mi paz os doy… Esta paz no es la paz que proviene de la conformidad con el mundo. Cristo nunca procure paz transigiendo con el mal. L a que Cristo dejo a sus discípulos es interior más bien qué exterior, y había de permanecer para siempre 80 con sus testigos a través de las luchas y contiendas (Exaltad a Jesús, p. 222).
¿Cuál fue la fortaleza de los que en tiempos pasados padecieron persecución por causa de Cristo? Consistió en su unión con Dios, con el Espíritu Santo y con Cristo. El vituperio y la persecución han separado a muchos de sus amigos terrenales, pero nunca del amor de Cristo. Nunca es tan amada de su Salvador el alma combatida por las tormentas de la prueba como cuando padece afrenta por la verdad. «Yo le amare, y me manifestare a él», dijo Cristo. Juan 14:21. Cuando el creyente se sienta en el banquillo de los acusados ante los tribunales terrenales por causa de la verdad, esta Cristo a su lado. Cuando se ve recluido entre las paredes de una cárcel, Cristo se le manifiesta y le consuela con su amor. Cuando padece la muerte por causa de Cristo, el Salvador le dice: Podrán matar el cuerpo, pero no podrán dañar el alma…
«Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no deslizará: estará para siempre. Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así Jehová alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre». «De engaño y de violencia redimirá sus almas; y la sangre de ellos será preciosa en sus ojos». Salmo 125:1, 2 (Los hechos de los apóstoles, pp. 70, 71).
El peligro acecha en medio de la prosperidad. A través de los siglos, las riquezas y los honores han hecho peligrar la humildad y la espiritualidad. No es la copa vacía la que nos cuesta llevar; es la que rebosa la que debe ser llevada con cuidado. La aflicción y la adversidad pueden ocasionar pesar; pero es la prosperidad la que resulta más peligrosa para la vida espiritual. A menos que el súbdito humano este constantemente sometido a la voluntad de Dios, a menos que este santificado por la verdad, la prosperidad despertara la inclinación natural a la presunción (Profetas y reyes, p. 43).
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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2024.
1er. Trimestre 2024 «EL LIBRO DE SALMOS»
Lección 10: «LECCIONES DEL PASADO»
Colaboradores: Jeser Alejandro Tique y Esther Jiménez
