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Derramar amor

«Nardo: perfume extraído de una planta del Himalaya, de la familia de la valeriana, que crece por encima de los 3,300 metros. Su raíz y su tallo proporcionan la esencia, un elemento muy costoso desde tiempos remotos. Era costoso mantener el ungüento de nardo en recipientes de alabastro sellados, y solo se los abría en ocasiones muy especiales. […] El nardo fragante con que María ungió los pies de Jesús representaba el salario de casi un año de un obrero de la época (Juan 12: 3)».— Diccionario bíblico adventista, p. 826 la parábola, el viñero no pone objeción a la afirmación de que si el árbol permanecía infructífero debía ser cortado; pero conoce y comparte los intereses del dueño en aquel árbol estéril. Nada podía darle mayor placer que verlo crecer y fructificar. Responde al deseo del dueño diciendo: “Déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella y la abone. Si da fruto, bien” (Luc. 13: 8, 9).

«María, al derramar su ofrenda sobre el Salvador, mientras él era consciente de su devoción, le ungió para la sepultura. Y cuando él penetró en las tinieblas de su gran prueba, llevó consigo el recuerdo de aquel acto, anticipo del amor que le tributarían para siempre aquellos que redimiera».— Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 62, p. 528

«Convocaron un concilio de sacerdotes y fariseos. Desde la resurrección de Lázaro, las simpatías del pueblo estaban tan plenamente con Cristo que sería peligroso apoderarse de él abiertamente. Así que las autoridades determinaron prenderle secretamente y llevarle al tribunal tan calladamente como fuera posible. […]

»Así se proponían destruir a Jesús. Pero los sacerdotes y rabinos sabían que mientras Lázaro viviese, no estarían seguros. La misma existencia de un hombre que había estado cuatro días en la tumba y que había sido resucitado por una palabra de Jesús, ocasionaría, tarde o temprano, una reacción. […] El Sanedrín llegó a la conclusión de que Lázaro también debía morir. A tales extremos conducen a sus esclavos la envidia y el prejuicio. El odio y la incredulidad de los dirigentes judíos habían crecido hasta disponerlos a quitar la vida a quien el poder infinito había rescatado del sepulcro».— Ibid., pp. 526-527

«Había llegado la hora de la glorificación de Cristo. Estaba en la sombra de la cruz, y la pregunta de los griegos le mostró que el sacrificio que estaba por hacer traería muchos hijos e hijas a Dios. Él sabía que los griegos le verían pronto en una situación que no podían soñar. Le verían colocado al lado del ladrón y homicida Barrabás, al que se decidiría dar libertad antes que al Hijo de Dios. Oirían al pueblo, inspirado por los sacerdotes y gobernantes, hacer su elección. […] Por un momento, miró lo futuro y oyó las voces que proclamaban en todas partes de la tierra: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” [Juan 1: 29]. En estos extranjeros, vio la garantía de una gran siega, para cuando el muro de separación entre judíos y gentiles fuese derribado, y todas las naciones, lenguas y pueblos oyesen el mensaje de salvación».— Ibid., p. 590.

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2024.
4to trimestre 2024 «EL EVANGELIO DE JUAN»
Lección 08 «A LA SOMBRA DE LA CRUZ»
Colaboradores: Joaquín Maldonado y Adriana Jiménez

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