viernes , 23 octubre 2026
Lección de Universitarios 2024

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Decepción y tristeza

«[Jesús] Permaneció dos días en el lugar donde estaba. Esta dilación era un misterio para los discípulos. De cuánto consuelo sería su presencia para la familia afligida, pensaban. Era bien conocido por los discípulos su intenso afecto hacia esa familia de Betania, y ellos se sorprendían al ver que no respondía a la triste comunicación: “El que amas está enfermo” […]

»Dicho esto, agregó: “Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarlo”. “Nuestro amigo Lázaro duerme”. ¡Cuán conmovedoras son estas palabras! ¡Cuán llenas de solidaridad! Mientras pensaban en el peligro que su Maestro estaba por arrostrar yendo a Jerusalén, los discípulos casi se habían olvidado de la familia enlutada de Betania. Pero no así Cristo. Los discípulos se sintieron reprendidos. Les había sorprendido que Cristo no respondiera más prontamente al mensaje. Habían estado tentados a pensar que él no tenía por Lázaro y sus hermanas el tierno amor que ellos le atribuían, y que debiera haberse vuelto rápidamente con el mensajero. Pero las palabras: “Nuestro amigo Lázaro duerme” despertaron en ellos los debidos sentimientos. Quedaron convencidos de que Cristo no se había olvidado de sus amigos que sufrían».— Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 58, pp. 497-498

«Lázaro había sido muy querido, y sus hermanas le lloraban con corazones quebrantados, mientras que los que habían sido sus amigos mezclaban sus lágrimas con las de las hermanas enlutadas. A la vista de esta angustia humana, y por el hecho de que los amigos afligidos pudiesen llorar a sus muertos mientras el Salvador del mundo estaba al lado, “lloró Jesús”. Aunque era Hijo de Dios, había tomado sobre sí la naturaleza humana y le conmovía el pesar humano. Su corazón compasivo y tierno se conmueve siempre de compasión hacia los dolientes. Llora con los que lloran y se regocija con los que se regocijan. […]

»En sus lágrimas había un pesar que superaba tanto al pesar humano como los cielos superan a la tierra. Cristo no lloraba por Lázaro, pues iba a sacarle de la tumba. Lloró porque muchos de los que estaban ahora llorando por Lázaro maquinarían pronto la muerte del que era la resurrección y la vida. ¡Cuán incapaces eran los judíos de interpretar debidamente sus lágrimas!».— Ibid., pp. 502-503

«Al declarar que un hombre moriría por toda la nación, Caifás demostró que tenía cierto conocimiento de las profecías, aunque muy limitado. Pero Juan, al describir la escena, toma la profecía y expone su amplio y profundo significado. […]

»En los labios de Caifás esta preciosísima verdad se convertía en mentira […]. Caifás proponía salvar a la nación culpable, no de la transgresión, sino en la transgresión, a fin de que pudiera continuar en el pecado. Y por este razonamiento, pensaba acallar las protestas de aquellos que pudieran atreverse, no obstante, a decir que nada digno de muerte habían hallado en Jesús».— Ibid., pp. 510-511

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2024.
4to trimestre 2024 «EL EVANGELIO DE JUAN»
Lección 07 «RESUCITANDO A LOS MUERTOS»
Colaboradores: Joaquín Maldonado y Adriana Jiménez

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