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Un Salvador personal

«El odio que reinaba entre los judíos y los samaritanos impidió a la mujer ofrecer un favor a Jesús; pero el Salvador estaba tratando de hallar la llave de su corazón, y con el tacto nacido del amor divino, él no ofreció un favor, sino que lo pidió. El ofrecimiento de un favor podría haber sido rechazado; pero la confianza despierta confianza. El Rey del cielo se presentó a esta paria de la sociedad, pidiendo un servicio de sus manos. El que había hecho el océano, el que rige las aguas del abismo, el que abrió los manantiales y los canales de la tierra, descansó de sus fatigas junto al pozo de Jacob y dependió de la bondad de una persona extraña para una cosa tan insignificante como un sorbo de agua».— Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 19, p. 162

«Nuestro Redentor anhela que se le reconozca. Tiene hambre de la simpatía y el amor de aquellos a quienes compró con su propia sangre. Anhela con ternura inefable que vengan a él y tengan vida. Así como una madre espera la sonrisa de reconocimiento de su hijito, que le indica la aparición de la inteligencia, así Cristo espera la expresión de amor agradecido que demuestra que la vida espiritual se inició en el alma.

»La mujer se había llenado de gozo al escuchar las palabras de Cristo. La revelación admirable era casi abrumadora».— Ibid., p. 167

«¡Miren, oh miren a Jesús y vivan! No pueden ser menos que cautivados por los incomparables atractivos del Hijo de Dios. Cristo fue manifestado en la carne, el ministerio oculto por los siglos, y en nuestra aceptación o rechazo del Salvador del mundo están implicados intereses eternos».— Elena G. de White, Fundamentos de la educación cristiana, cap. 22, pp. 196-197

«El hablar de religión de una manera casual, el orar sin hambre del alma ni fe viva, no vale nada. Una fe nominal en Cristo, que lo acepta meramente como Salvador del mundo, no podrá nunca reportar sanidad al alma. La fe que salva no es un mero reconocimiento intelectual de la verdad. Aquel que aguarda hasta tener conocimiento completo antes de querer ejercer fe, no puede recibir la bendición de Dios.

»No es suficiente creer acerca de Cristo; tenemos que creer en él. La única fe que nos beneficiará es la que lo acepta como Salvador personal; la que se apropia de sus méritos para nosotros mismos. Muchos estiman la fe como una opinión. Pero la fe salvadora es una transacción, por la cual aquellos que reciben a Cristo se unen a Dios por un pacto. La fe verdadera es vida. Una fe viva significa un aumento de vigor, una confianza implícita, por la cual el alma llega a ser una fuerza vencedora».— Elena G. de White, Obreros evangélicos, p. 236 (el énfasis está en el original).

«El Salvador del mundo ofrece el don de la vida eterna a los descarriados. Con una compasión aún mayor que la de un padre terrenal que perdona a su hijo descarriado, arrepentido y sufriente, Jesús busca una respuesta a sus ofrecimientos de amor y perdón. Clama a los errantes: “Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros” (Mal. 3: 7). Si el pecador no escucha la voz de misericordia que lo llama con tierno y compasivo amor, su alma quedará en las tinieblas».— Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 205-206

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2024.
4to trimestre 2024 «EL EVANGELIO DE JUAN»
Lección 04 «LA CIUDAD DE SICAR»
Colaboradores: Joaquín Maldonado y Adriana Jiménez

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