sábado , 22 agosto 2026
Lección de Universitarios 2024

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El tesoro celestial

«La conversación sostenida entre Abraham y el hombre que una vez fue rico es figurada. La lección que hemos de sacar de ella es que a todo humano se le ha concedido el conocimiento suficiente para la realización de los deberes que se le exigen. Las responsabilidades son proporcionales a sus oportunidades y privilegios. Dios concede a cada uno la luz y la gracia suficientes para que efectúe la obra que le ha dado. Si alguien deja de hacer lo que una pequeña luz le muestra que es su deber, una mayor cantidad de luz revelará únicamente infidelidad y negligencia en aprovechar las bendiciones concedidas. “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto” (Luc. 16: 10). Aquellos que rehúsan ser iluminados por Moisés y los profetas, y piden que se realice algún maravilloso milagro, no se convencerían tampoco si su deseo se realizara.

»La parábola del rico y Lázaro muestra cómo son apreciadas en el mundo invisible las dos clases que se representan. No hay ningún pecado en ser rico, si las riquezas no se adquieren injustamente. Una persona rica no es condenada por tener riquezas; pero la condenación descansa sobre él si los bienes que se le han confiado son gastados egoístamente. Mucho mejor sería que colocara su dinero ante el trono de Dios, usándolo para lo bueno. La muerte no puede convertir en pobre a nadie que de esa manera se dedica a buscar las riquezas eternas. Pero el que acumula su tesoro para sí mismo no puede llevar nada de esto al cielo. Ha demostrado ser un mayordomo infiel. Durante toda su vida tuvo sus buenas cosas, pero olvidó su obligación con Dios. Dejó de obtener el tesoro celestial.

»El hombre rico que tenía tantos privilegios es presentado como uno que debió haber cultivado sus dones, de manera que sus obras transcendieran hasta el gran más allá, llevando consigo ventajas espirituales aprovechadas. Es el propósito de la redención, no solamente borrar el pecado, sino devolver a la humanidad los dones espirituales perdidos a causa del poder degradante del pecado. El dinero no puede ser llevado a la vida futura; no se necesita allí; pero las buenas acciones efectuadas en la salvación de las almas para Cristo son llevadas a los atrios del cielo. Pero aquellos que emplean egoístamente los dones del Señor para sí mismos, dejando sin ayuda a sus semejantes necesitados, y no haciendo nada porque prospere la obra de Dios en el mundo, deshonran a su Hacedor».— Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, cap. 21, pp. 212-213

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2024.
3er trimestre 2024  «RELATOS QUE TRANSFORMAN»
Lección 11 «VIVIR PARA LA ETERNIDAD »
Colaboradores: Joaquín Maldonado y Adriana Jiménez

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