Hora de hacer frente a los registros
La ley de Dios es la regla por la cual los caracteres y las vidas de los seres humanos serán probados en el juicio. Salomón dice: “Teme a Dios y obedece sus mandatos, porque ese es el deber que tenemos todos. Dios nos juzgará por cada cosa que hagamos”(Ecl.12: 13,14,NTV). El apóstol Santiago amonesta a sus hermanos diciéndoles: “Ustedes deben hablar y portarse como quienes van a ser juzgados por la ley que nos trae libertad”(Sant. 2: 12).
Los que en el juicio sean “tenidos por dignos”, tendrán parte en la resurrección de los justos. […] A medida que los libros de memoria se van abriendo en el juicio, las vidas de todos los que hayan creído en Jesús pasan ante Dios para ser examinadas por él. Empezando con los que vivieron los primeros en la tierra, nuestro Abogado presenta los casos de cada generación sucesiva, y termina con los vivos. Cada nombre es mencionado, cada caso cuidadosamente investigado. Habrá nombres que serán aceptados, y otros rechazados. En caso de que alguien
tenga en los libros de memoria pecados de los cuales no se haya arrepentido y que no hayan sido perdonados, su nombre será borrado del libro de la vida, y la mención de sus buenas obras será borrada de los registros de Dios. […]
A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y que hayan aceptado con fe la sangre de Cristo como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo; como llegaron a ser partícipes de la justicia de Cristo y su carácter está en armonía con la ley de Dios, sus pecados serán borrados, y ellos mismos serán juzgados dignos de la vida eterna. El Señor declara por el profeta Isaías: “Yo, por ser tu Dios, borro tus crímenes y no me acordaré más de tus pecados”(Isa. 43: 25). Jesús dijo: “Los
que salgan vencedores serán así vestidos de blanco, y no borraré sus nombres del libro de la vida, sino que los reconoceré delante de mi Padre y delante de sus ángeles”. “A cualquiera queme confiese delante de los demás yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en el cielo. Pero a cualquiera que me niegue delante de los demás yo también lo negaré delante de mi Padre que está en el cielo” (Apoc. 3: 5; Mat. 10: 32, 33, NVI)».— Elena G. de White, El conflicto de los siglos, cap. 24, pp. 473-475.
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