«Estas instrucciones relativas a los deberes del pueblo hacia Dios, a los deberes de unos para con otros, y hacia los extranjeros, no eran otra cosa que los principios de los Diez Mandamientos ampliados y dados de una manera específica, en forma tal que ninguno pudiera errar».— Elena G. de White, Patriarcas y profetas, cap. 32, p. 334
«A todos los nuevos bautizados hay que educarlos en lo que respecta a su responsabilidad personal y a la actividad individual en la búsqueda de la salvación del prójimo. […] Hay que actuar guiados por una fe personal, hay que cultivar la santidad personal, y la humildad y mansedumbre de Cristo deben convertirse en una parte de nuestra vida práctica. La obra ha de ser completa y profunda en el corazón de cada instrumento humano. A los que profesan recibir y creer la verdad hay que mostrarles cuál es la influencia mortífera del egoísmo y su poder envilecedor y corruptor. El Espíritu Santo debe trabajar en el instrumento humano porque en caso contrario otro poder dominará la mente y el juicio.
»El conocimiento espiritual de Dios y de Cristo, a quien él ha enviado, constituye la única esperanza del ser humano. Cada alma tiene que ser enseñada en Dios, línea sobre línea y precepto sobre precepto; esta ha de sentir que es responsable delante de Dios al ocuparse en el servicio por su Maestro, a quien le pertenece y a quien se le pide que sirva en la obra de salvar a las almas de la muerte».— Elena G. de White, El evangelismo, cap. 10, pp. 265, 266
«Dios conduce a su pueblo paso a paso. La vida cristiana es una constante batalla y una marcha. No hay descanso de la lucha. Es mediante esfuerzos constantes e incesantes como nos mantenemos victoriosos sobre las tentaciones de Satanás. Como pueblo, estamos triunfando en la claridad y fuerza de la verdad. Somos plenamente sostenidos en nuestra posición por una abrumadora cantidad de claros testimonios bíblicos. Pero somos muy deficientes en humildad, paciencia, fe, amor, abnegación, vigilancia y espíritu de sacrificio según la Biblia. Necesitamos cultivar la santidad bíblica. El pecado prevalece entre el pueblo de Dios. El claro mensaje de reprensión enviado a los laodicenses no es recibido. Muchos se aferran a sus dudas y pecados predilectos, a la par que están tan engañados que hablan y sienten como si nada necesitaran. Piensan que es innecesario el testimonio de reproche del Espíritu de Dios, o que no se refiere a ellos. Los tales se hallan en la mayor necesidad de la gracia de Dios y de discernimiento espiritual para poder descubrir su falta de conocimiento espiritual. Les falta casi toda cualidad necesaria para perfeccionar un carácter cristiano».— Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 280
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
3er. trimestre 2023 LA RESTITUCIÓN
Lección 13 «LA SANTIDAD»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

