«Las buenas obras son los frutos que Cristo quiere que produzcamos; palabras amables, hechos generosos, de tierna consideración por los pobres, los necesitados, los afligidos. Cuando los corazones simpatizan con otros corazones abrumados por el desánimo y el pesar, cuando la mano se abre en favor de los necesitados, cuando se viste al desnudo, cuando se da la bienvenida al extranjero para que ocupe su lugar en la casa y en el corazón, los ángeles se acercan, y un acorde parecido resuena en los cielos. […] El Padre desde su Trono observa a los que llevan a cabo estos actos de misericordia, y los cuenta entre sus más preciosos tesoros. […] Todo acto misericordioso, realizado en favor de los necesitados y los que sufren, es considerado como si se lo hubiera hecho a Jesús. Cuando socorréis al pobre, simpatizáis con el afligido y el oprimido, y cultiváis la amistad del huérfano, entabláis una relación más estrecha con Jesús».— Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 24
«Dios fijó su propia norma de carácter para todos los que quieren llegar a ser súbditos de su reino. Únicamente aquellos que lleguen a ser colaboradores con Cristo, únicamente aquellos que digan: Señor, todo lo que tengo y soy te pertenece, serán reconocidos como hijos e hijas de Dios».— Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 57, p. 492
«Hay hombres y mujeres pobres que me escriben pidiendo consejo en cuanto a si deben vender sus casas y dar el dinero a la causa. […] Quiero decir a los tales: “Tal vez no debáis vender vuestras casitas ahora mismo; pero id a Dios por vuestra cuenta; el Señor oirá ciertamente vuestras fervientes oraciones para pedir sabiduría para conocer vuestro deber”.
»Ahora es cuando nuestros hermanos debieran estar reduciendo sus propiedades, en vez de aumentarlas. Estamos por trasladarnos a una patria mejor, a saber, la celestial. […]
»Viene el tiempo cuando no podremos vender a ningún precio, salvo que se tenga la marca de la bestia.
»En el tiempo de angustia, de nada valdrán a los santos las casas ni las tierras, porque entonces tendrán que huir delante de turbas enfurecidas, y en aquel entonces no podrán deshacerse de sus bienes para hacer progresar la causa de la verdad presente. Me fue mostrado que la voluntad de Dios es que antes que venga el tiempo de angustia, los santos se libren de cuanto los estorbe y hagan pacto con Dios por medio de sacrificio. Si ponen sus propiedades sobre el altar y preguntan fervorosamente a Dios cuál es su deber, les enseñará cuándo deberán deshacerse de aquellas cosas. Entonces estarán libres en el tiempo de angustia y no habrá trabas que los detengan».— Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 59
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
1er. trimestre 2023 INVERSO
Lección 12 «EL JOVEN RICO: DADORES DEL TIEMPO DEL FIN»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

