«El Señor del cielo desafía a quienes ha suplido con su abundancia a probarlo. “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Mal. 3: 10). Este mensaje no ha perdido nada de su fuerza. Su importancia se renueva constantemente, así como los dones de Dios se renuevan continuamente. No hay dificultad para comprender cuál es nuestro deber a la luz de este mensaje dado por medio del santo profeta de Dios. No se nos ha dejado para que tropecemos en las tinieblas y la desobediencia. La verdad se declara con toda llaneza, y todos los que deseen ser honrados ante Dios pueden comprenderla. El diezmo de todos nuestros ingresos es del Señor. Él coloca su mano sobre la porción que ha especificado que le devolvamos, y dice: Permito que uséis de mi abundancia después de haber apartado la décima parte y de haberme traído donativos y ofrendas.
»Dios pide que su diezmo sea llevado a su tesorería. Devuélvase esa parte en forma estricta, honrada y fiel. Además de esto, él pide vuestros donativos y ofrendas. […] Si los hombres son infieles en devolver a Dios lo que le pertenece, si pasan por alto la comisión dada a sus mayordomos, no seguirán teniendo la bendición de lo que el Señor les ha confiado.
«Dios ha dado a cada persona su obra. Sus siervos han de actuar en colaboración con él. Los hombres, si así lo prefieren, pueden rehusar relacionarse con su Hacedor; pueden negarse a entregarse a su servicio, y utilizar indebidamente los bienes que le fueron confiados; pueden dejar de ejercer frugalidad y abnegación, y pueden olvidar que el Señor requiere que le devuelvan una parte de lo que él les ha dado. Tales personas son mayordomos infieles».— Elena G. de White, Consejos sobre mayordomía cristiana, pp. 81-82
«Él nos ha dicho que abrirá las ventanas del cielo y derramará sobre nosotros bendiciones, hasta que sobreabunde. Él empeña su Palabra: “Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos” (Mal. 3: 11). De manera que su palabra constituye nuestra seguridad de que nos bendecirá de tal modo que llegaremos a dar diezmos y ofrendas aún mayores. “Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Mal. 3: 7)».— Ibid., p. 87
«El deber es el deber, y debe cumplirse por esa misma razón. Pero el Señor tiene compasión de nosotros en nuestra condición caída y acompaña sus mandatos con promesas. Pide a su pueblo que lo pruebe y declara que recompensará la obediencia con las bendiciones más ricas. […] Nos estimula a darle, y declara que lo que él nos retribuya estará en proporción con los donativos que le hagamos. “El que siembra escasamente, también segará escasamente” (2 Cor. 9: 6). Dios no es injusto para que se olvide de vuestro trabajo y de vuestras acciones de amor».— Ibid., p. 88
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
1er. trimestre 2023 INVERSO
Lección 7 «ACAZ: EL DADOR MALVADO»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

