Llamada a un ministerio profético
Dios llama a los profetas en momentos específicos para propósitos específicos. Ellos presentan los mensajes necesarios para ese tiempo. A la luz de esta verdad, los adventistas del séptimo día creen que Elena G. de White fue alguien que demostró una manifestación moderna del don profético, actuando de manera muy similar a un profeta no canónico (hablaremos más sobre esto en las próximas lecciones). Elena Harmon (su apellido de soltera) recibió su primer llamado en diciembre de 1844, unas semanas después de que los adventistas milleritas esperaran el regreso de Jesús basándose en Daniel 8:14: «Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas. Después de eso, el santuario será purificado».
Aunque William Miller nunca fijó una fecha exacta para el cumplimiento de esa profecía, sus seguidores acabaron fijando el 22 de octubre de 1844, basándose en el cálculo bíblico del Día de la Expiación, como la fecha en que Cristo regresaría a la tierra. Esta creencia generó una enorme expectación entre miles y miles de personas en Norteamérica y otras regiones del mundo. Pronto se reunirían con su Salvador en el cielo. Miller también se llenó de emoción y entusiasmo a medida que se acercaba el esperado advenimiento.
Pero Cristo no apareció, y los creyentes milleritas vivieron uno de los acontecimientos históricos más devastadores, conocido como «el gran chasco».
Este es el contexto en el que Dios le concedió a Elena Harmon su primera visión, cuyo mensaje principal era de ánimo para ella y los creyentes decepcionados, asegurándoles que Dios seguía con ellos a pesar de su interpretación errónea. La visión señalaba un camino que iba desde esta tierra hasta la Jerusalén celestial. Por ese camino viajaban los creyentes adventistas hacia la ciudad santa. «Delante de ellos iba Jesús guiándolos hacia la ciudad, y si no apartaban los ojos de él, iban seguros».1
Esta visión fue una muy buena noticia. Dios estaba comenzando a crear un nuevo movimiento a partir de la confusión y la decepción. Jesús seguía con ellos y volvería para buscarlos. Seguía guiándolos por el camino de la salvación. Solo tenían que mantener sus ojos fijos en él. Tenían grandes razones para no perder la esperanza, incluso en medio de tanta confusión y decepción.
Fue así como Elena Harmon, una joven de 17 años, fue llamada a su ministerio profético. Su camino no fue fácil, especialmente al principio. Aunque su don fue aceptado gradualmente como genuino, Elena G. de White temía ser la mensajera de Dios. Ser profeta de Dios nunca había sido fácil ni prestigioso. La próxima semana analizaremos más de cerca la labor especial y los desafíos a los que se enfrentaron los profetas del Antiguo Testamento, algunos de los cuales también se observan en la vida y el ministerio de Elena G. de White.
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Lección – Inverso 2026.
4to. Trimestre 2026 «EL DON DE PROFECÍA»
Lección 02 « EL LLAMADO DE UN PROFETA »
Colaboradores: Henry D. Gómez y Esther Jiménez
