Una fe sencilla y confiada
«Si nos dejamos guiar por nuestras dudas y temores, o antes de tener fe procuramos resolver todo lo que no veamos claramente, las perplejidades no harán sino aumentar y agudizarse. Pero si nos acercamos a Dios, sintiéndonos desamparados y necesitados, como en realidad estamos, y con fe humilde y confiada presentamos nuestras necesidades ante Aquel cuyo conocimiento es infinito y que ve todas las cosas de su creación y todo lo gobierna por su voluntad y palabra, él puede y quiere atender nuestro clamor, y hará resplandecer la luz en nuestro corazón. Por la oración sincera nos ponemos en comunicación con la mente del Infinito. Quizás no tengamos al instante alguna prueba notable de que el rostro de nuestro Redentor se inclina hacia nosotros con compasión y amor; y sin embargo es así. Tal vez no sintamos su toque manifiesto, pero su mano se extiende sobre nosotros con amor y piadosa ternura».— Elena G. de White, El camino a Cristo, cap. 11, pp. 143-144
«Nuestro Dios es un Padre tierno y misericordioso. Su servicio no tiene que ser considerado como algo que entristece, como un ejercicio penoso. Tiene que ser un placer adorar al Señor y participar en su obra. Dios no quiere que sus hijos, a los cuales proporcionó una salvación tan grande, actúen como si él fuera un amo duro y exigente. Él es su mejor amigo; y cuando lo adoran quiere estar con ellos para bendecirlos y confortarlos llenando sus corazones de alegría y amor. El Señor quiere que sus hijos hallen consuelo en servirle y más placer que fatiga en su obra. Él desea que quienes vengan a adorarlo se lleven pensamientos maravillosos acerca de su amor y protección, a fin de que reciban ánimo para vivir y obtengan gracia para obrar honestamente y con fidelidad en todo.
» Hemos de reunirnos en torno a la cruz. Cristo, y Cristo crucificado, tiene que ser el tema de nuestra meditación, conversación y más gozosa emoción. Al recordar todas las bendiciones que recibimos de Dios; y al cerciorarnos de su gran amor, debiéramos estar dispuestos a confiar todas las cosas a la mano que fue clavada en la cruz por nosotros.
»El alma puede elevarse hacia el cielo en las alas de la alabanza. Dios es adorado con cánticos y música en las mansiones celestiales, y al expresar nuestra gratitud nos aproximamos al culto que rinden los seres celestiales. Se nos dice: “Quien me ofrece su gratitud, me honra” (Salmo 50: 23). Presentémonos, pues, con gozo reverente delante de nuestro Creador, con “acción de gracias y música de salmos” (Isaías 51: 3)».— Ibid., pp. 153-154
2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 07 «LA PRÁCTICA DE LA ORACIÓN»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
