La mayor culpa de Israel
«Si aquellos que habían sido el pueblo escogido de Dios, que habían presenciado tantas muestras de su grandeza y la majestad de su poder, imitaran las iniquidades de los paganos, la culpa de Israel sería tanto mayor que la de las naciones idólatras, como lo eran sus privilegios. Ni una sola de las cosas buenas que Dios había prometido a su pueblo faltaría si este cumplía las condiciones bajo las cuales se le otorgaban estas bendiciones. Si los ángeles de Dios obraron con los ejércitos de Israel para expulsar a los habitantes de Canaán a causa de su maldad, los hebreos debían estar libres de los pecados de esas naciones. Debían mantener un alto grado de pureza y santidad, y mostrar en todas sus palabras y actos que amaban, temían y obedecían al gran Gobernante del universo.
»Dios no podría sancionar el pecado ni proteger la iniquidad. La justicia y el amor son los atributos dominantes de su carácter. Aunque castigará a los transgresores de su ley para que otros teman, siempre ha atemperado el juicio con la misericordia. Dios escogió a la nación hebrea y la unió a sí mismo, para hacerlos representantes de su propio carácter. Quería hacer de ellos un faro de luz para todas las naciones circundantes, para que su nombre fuera glorificado y su servicio exaltado. Por la comunión con Dios, los israelitas debían llegar a ser partícipes de la naturaleza divina; sus corazones, degradados por el pecado, debían ser purificados; sus aspiraciones, ennoblecidas. Debían presentarse ante el mundo como ejemplo de lo que los hombres podían llegar a ser por medio de Jesucristo. Aquellos a quienes Dios elevaría y ennoblecería mediante la conexión con él, se convertirían, por la transgresión, en seres totalmente degradados y de carácter satánico. A ellos les correspondía elegir el camino que seguirían.
»La historia de los hijos de Israel está escrita para nuestra amonestación. Somos aprendices como lo fueron ellos. Podemos conectar con Dios como fue su privilegio. Podemos llegar a ser fuertes en la fuerza del Dios de Israel, si creemos y obedecemos su Palabra como lo hicieron Caleb y Josué. Pero si dudamos, si somos incrédulos y rebeldes como lo fueron las multitudes que cayeron en el desierto, seremos hallados indignos de poseer las mansiones que Cristo fue a prepararnos».— Elena G. de White, The Signs of the Times, 3 de marzo de 1881
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