jueves , 30 abril 2026
Lección de Univversitarios 2025

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El pecado de la codicia

«Acán cometió su pecado en desafío de las advertencias más directas y solemnes y de las manifestaciones más poderosas de la omnipotencia de Dios. Se había proclamado a todo Israel: “Guardaos vosotros del anatema, […] porque no hagáis anatema el campo de Israel”. Se le dio este mandamiento inmediatamente después del milagroso cruce del Jordán, después que el pacto de Dios fuera reconocido mediante la circuncisión del pueblo, y después que se observara la pascua y apareciera el Ángel del pacto, el Capitán de la hueste del Señor. Se había producido luego la caída de Jericó, evidencia de la destrucción que sobrevendrá infaliblemente a todos los transgresores de la ley de Dios. El hecho de que el poder divino era lo único que había dado la victoria a Israel y este no había alcanzado, por lo tanto, la posesión de Jericó por sus propias fuerzas, daba un peso solemne al mandamiento que prohibía tomar despojos. Por el poder de su palabra, Dios había derrocado esta fortaleza; la conquista era suya, y únicamente a él debía dedicarse la ciudad con todo lo que contenía. […]

»El pecado mortal que condujo a Acán a la ruina tuvo su origen en la codicia, que es, entre todos los pecados, el más común y el que se considera con más liviandad. Mientras que otros pecados se averiguan y se castigan, ¡cuán raro es que se censure siquiera la violación del décimo mandamiento! […]

»La codicia es un mal que se desarrolla gradualmente. Acán albergó avaricia en su corazón hasta que ella se hizo un hábito en él y lo ató con cadenas casi imposibles de romper. Aunque fomentaba este mal, le habría horrorizado el pensamiento de que pudiera acarrear un desastre para Israel; pero el pecado embotó su percepción, y cuando le sobrevino la tentación cayó fácilmente.

»¿No se cometen aún hoy pecados semejantes a ese, y frente a advertencias tan solemnes y explícitas como las dirigidas a los israelitas? Se nos prohíbe tan expresamente albergar la codicia como se le prohibió a Acán que tomara despojos en Jericó. Dios declara que la codicia o avaricia es idolatría. Se nos amonesta: “No podéis servir a Dios y a las riquezas”. “Mirad, y guardaos de toda avaricia”. “Ni aun se nombre entre vosotros” (Col. 3: 5; Mat. 6: 24; Luc. 12: 15; Efe. 5: 3). Tenemos ante nosotros la terrible suerte que corrieron Acán, Judas, Ananías y Safira. Y aun antes de estos casos tenemos el de Lucifer, aquel “hijo de la mañana” que, codiciando una posición más elevada, perdió para siempre el resplandor y la felicidad del cielo. Y no obstante, a pesar de todas estas advertencias, la codicia reina por todas partes».— Elena G. de White, Patriarcas y Profetas, cap. 45, pp. 470-471

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 06 «UNA DERROTA INESPERADA»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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