El juicio precedido de la misericordia
«A medida que aumente la iniquidad y se manifieste el desprecio contra la ley de Dios, los que verdaderamente aman a Dios alcanzarán un estado más elevado de santidad. Tengamos todos presente el hecho de que nos acercamos rápidamente a esa crisis de la iniquidad humana en la que será necesaria la intervención de Dios. Los amorreos eran habitantes de Canaán, y el Señor había prometido la tierra de Canaán a los israelitas; pero debía transcurrir un largo intervalo antes de que su pueblo poseyera la tierra. Explicó la razón por la que debía transcurrir ese intervalo. Les dijo que la iniquidad de los amorreos aún no estaba consumada, y que su expulsión y exterminio no podían justificarse hasta que hubieran colmado la copa de su iniquidad. La idolatría y el pecado marcaron su curso, pero la medida de su culpa no era tal que pudieran ser entregados a la destrucción. En su amor y piedad, Dios quiso dejar que la luz brillara sobre ellos con rayos más claros; quiso darles la oportunidad de contemplar la obra de su maravilloso poder, para que no tuvieran excusa de su maldad. Así es como Dios trata a las naciones. Durante un cierto período de prueba se muestra paciente con las naciones, las ciudades y los individuos, pero, cuando es evidente que no quieren ir a él para tener vida, los castiga. Llegó el tiempo en que el juicio fue infligido a los amorreos, y llegará el tiempo en que todos los transgresores de su ley sabrán que Dios de ningún modo exonerará al culpable. “Aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia; y que no le irá bien al impío, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no teme delante de la presencia de Dios” (Ecle. 8: 12-13). […]
»Consideremos solemnemente los tratos de Dios con las naciones y los individuos, para que evitemos tomar un curso que nos arruine por transgresión de la ley de Dios. Atesoremos toda bendición, todo rayo de luz enviado por el cielo, en advertencias, en reprensiones, en muestras de misericordia que nos sean dadas. No seamos de los que menosprecian la paciencia de Dios».— Elena G. de White, Review and Herald, 2 de mayo de 1893
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 01 «NUEVAS FRONTERAS»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
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