martes , 29 septiembre 2026
Lección de Univversitarios 2025

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Amor más fuerte que la muerte

«Se le permitió mirar a través de los tiempos futuros y contemplar el primer advenimiento de nuestro Salvador. […] Mientras Moisés veía cómo era finalmente rechazado aquel pueblo tan altamente bendecido del cielo, aquel pueblo en favor del cual él había trabajado, orado y hecho sacrificios, por el cual él había estado dispuesto a que se borrara su nombre del libro de la vida; mientras oía las tristes palabras: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta” (Mat. 23: 38), el corazón se le llenó de angustia, y su identificación con el pesar del Hijo de Dios hizo caer amargas lágrimas de sus ojos. […]

»El dolor, la indignación y el horror embargaron el corazón de Moisés cuando vio la hipocresía y el odio satánico que la nación judía manifestaba contra su Redentor, el poderoso Ángel que había ido delante de sus mayores. Oyó el grito agonizante de Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Lo vio cuando yacía en la tumba nueva de José de Arimatea. Las tinieblas de la desesperación parecían envolver el mundo, pero miró otra vez, y lo vio salir vencedor de la tumba y ascender a los cielos escoltado por los ángeles que lo adoraban, y encabezando una multitud de cautivos».— Elena G. de White, Patriarcas y profetas, cap. 43, pp. 451-452

«Con fieras tentaciones, Satanás torturaba el corazón de Jesús. El Salvador no podía ver a través de los portales de la tumba. La esperanza no le presentaba su salida del sepulcro como vencedor ni le hablaba de la aceptación de su sacrificio por el Padre. Temía que el pecado fuese tan ofensivo para Dios que su separación resultase eterna. Sintió la angustia que el pecador sentirá cuando la misericordia no interceda más por la raza culpable. El sentido del pecado, que atraía la ira del Padre sobre él como sustituto del hombre, fue lo que hizo tan amarga la copa que bebía el Hijo de Dios y quebró su corazón.

»Con asombro, los ángeles presenciaron la desesperada agonía del Salvador. Las huestes del cielo velaron sus rostros para no ver ese terrible espectáculo. La naturaleza inanimada expresó simpatía con su Autor insultado y moribundo. El sol se negó a mirar la terrible escena. Sus rayos brillantes iluminaban la tierra a mediodía, cuando de repente parecieron borrarse. Como fúnebre mortaja, una oscuridad completa rodeó la cruz. “Fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona”. Estas tinieblas, que eran tan profundas como la medianoche sin luna ni estrellas, no se debía a ningún eclipse ni a otra causa natural. Era un testimonio milagroso dado por Dios para confirmar la fe de las generaciones ulteriores».— Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 78, pp. 713-714

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 12  «CUANDO DIOS DESAPARESE»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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