La ley inmutable
«El aserto de que Cristo abolió con su muerte la ley de su Padre no tiene fundamento. Si hubiese sido posible cambiar la ley o abolirla, entonces Cristo no habría tenido por qué morir para salvar al hombre de la penalidad del pecado. La muerte de Cristo, lejos de abolir la ley, prueba que es inmutable. El Hijo de Dios vino para engrandecer la ley, y hacerla honorable (Isaías 42: 21)».— Elena G. de White, El conflicto de los siglos, cap. 28, p. 460
«La ley de Dios, tal como se presenta en las Escrituras, es amplia en sus requerimientos. Cada principio es santo, justo y bueno. La ley impone a los hombres obligaciones frente a Dios. Alcanza hasta los pensamientos y sentimientos, y producirá una convicción de pecado en todo el que esté persuadido de haber transgredido sus requerimientos. Si la ley abarcara solo la conducta externa, los hombres no serían culpables de sus pensamientos, deseos y designios erróneos. Pero la ley requiere que el alma misma sea pura y la mente santa, que los pensamientos y sentimientos estén de acuerdo con la norma de amor y justicia».— Elena G. de White, Mensajes selectos, t. 1., cap. 26, pp. 293-294
«En sus enseñanzas, Cristo mostró cuán trascendentales son los principios de la ley pronunciada desde el Sinaí. Hizo una aplicación viva de esa ley, cuyos principios siguen siendo para siempre la gran norma de justicia, la norma por la que todos serán juzgados en aquel gran día en que se sentará el juicio y se abrirán los libros. Él vino a cumplir toda justicia y, como cabeza de la humanidad, a mostrar al hombre que puede hacer la misma obra, cumpliendo todas las especificaciones de las exigencias de Dios. A través de la medida de su gracia proporcionada al agente humano, nadie necesita perderse el cielo. La perfección del carácter es alcanzable por todo aquel que se esfuerce por alcanzarla. Este es el fundamento mismo del nuevo pacto del evangelio. La ley de Jehová es el árbol; el evangelio son las fragantes flores y frutos que produce».— Elena G. de White, The Review and Herald, 5 de abril de 1898
«La ley de Dios, por su naturaleza misma, es inmutable. Es una revelación de la voluntad y del carácter de su Autor. Dios es amor, y su ley es amor. Sus dos grandes principios son el amor a Dios y al hombre. “El amor pues es el cumplimiento de la ley” (Romanos 13: 10, VM). El carácter de Dios es justicia y verdad; tal es la naturaleza de su ley. Dice el salmista: “Tu ley es la verdad”; “todos tus mandamientos son justos” (Salmo 119: 142, 172, VM). El apóstol Pablo declara: “La ley es santa, y el mandamiento, santo y justo y bueno” (Romanos 7: 12, VM). Semejante ley, expresión del pensamiento y de la voluntad de Dios, debe ser tan duradera como su Autor».— Elena G. de White, El conflicto de los siglos, cap. 28, p. 460
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 09 «LA LEY DE DIOS»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
