Un Salvador personal
«Durante todos los años de servidumbre pasados en Egipto, existían entre los israelitas algunos que se habían mantenido fieles a la adoración de Jehová. Estos se preocupaban profundamente cuando veían a sus hijos presenciar diariamente las abominaciones de los paganos, y aun postrarse ante sus dioses falsos. En su dolor clamaban al Señor pidiéndole liberación del yugo egipcio, para poder librarse de la influencia corruptora de la idolatría. No ocultaban su fe, sino que declaraban a los egipcios que el objeto de su adoración era el Creador del cielo y de la tierra, el único Dios verdadero y viviente. Y repasaban las evidencias de su existencia y poder, desde la creación hasta los días de Jacob. Así tuvieron los egipcios oportunidad de conocer la religión de los hebreos; pero desdeñaron que sus esclavos los instruyeran y trataron de seducir a los adoradores de Dios prometiéndoles recompensas, y al fracasar esto, empleaban las amenazas y crueldades.
»Los ancianos de Israel trataron de sostener la desfalleciente fe de sus hermanos, repitiéndoles las promesas hechas a sus padres, y las palabras proféticas con que, antes de su muerte, José predijo la liberación de su pueblo de Egipto. Algunos escucharon y creyeron. Otros, mirando las circunstancias que los rodeaban, se negaron a tener esperanza. Los egipcios, al saber lo que pasaba entre sus siervos, se mofaron de sus esperanzas y desdeñosamente negaron el poder de su Dios. Les señalaron su situación de pueblo esclavo, y dijeron burlonamente: “Si vuestro Dios es justo y misericordioso y posee más poder que los dioses de Egipto, ¿por qué no os libra?” […]
»Los hebreos habían esperado obtener su libertad sin ninguna prueba especial de su fe, sin penurias ni sufrimientos verdaderos. Pero aún no estaban preparados para la liberación. Tenían poca fe en Dios, y no querían soportar con paciencia sus aflicciones hasta que él creyera conveniente obrar por ellos. Muchos se conformaban con permanecer en la servidumbre, antes que enfrentar las dificultades que acompañarían el traslado a una tierra extraña; y los hábitos de algunos se habían hecho tan parecidos a los de los egipcios que preferían vivir en Egipto. Por lo tanto, el Señor no los liberó mediante la primera manifestación de su poder ante el faraón. Rigió los acontecimientos para que se desarrollara más plenamente el espíritu tiránico del rey egipcio, y para revelarse a su pueblo. Cuando vieran su justicia, su poder y su amor, elegirían dejar Egipto y entregarse a su servicio. La tarea de Moisés habría sido mucho menos difícil de no haber sido que muchos israelitas se habían corrompido tanto que no querían abandonar Egipto».— Elena G. de White, Patriarcas y profetas, cap. 23, pp. 235-236
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 04 «CONFRONTANDO AL FARAÓN»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
