imPlícate

La garantía

«El mandato divino halló a Moisés sin confianza en sí mismo, tardo para hablar y tímido. Estaba abrumado con el sentimiento de su incapacidad para ser el portavoz de Dios ante Israel. Pero una vez aceptada la tarea, la emprendió de todo corazón, poniendo toda su confianza en el Señor. La grandeza de su misión exigía que ejercitara las mejores facultades de su mente. Dios bendijo su pronta obediencia, y llegó a ser elocuente, confiado, sereno y apto para la mayor obra jamás dada a hombre alguno. Este es un ejemplo de lo que hace Dios para fortalecer el carácter de los que confían plenamente en él, y sin reserva alguna cumplen sus mandatos.

»El hombre obtiene poder y eficiencia cuando acepta las responsabilidades que Dios deposita en él, y procura con toda su alma la manera de capacitarse para cumplirlas bien. Por humilde que sea su posición o por limitada que sea su habilidad, el tal logrará verdadera grandeza si, confiando en la fortaleza divina, procura realizar su obra con fidelidad. Si Moisés hubiera dependido de su propia fuerza y sabiduría, y se hubiera mostrado deseoso de aceptar el gran encargo, habría revelado su entera ineptitud para tal obra. El hecho de que un hombre comprenda sus debilidades, prueba por lo menos que reconoce la magnitud de la obra que se le asignó y que hará de Dios su consejero y fortaleza».— Elena G. de White, Patriarcas y profetas, cap. 22, pp. 230-231

«Por su humanidad, Cristo tocaba a la humanidad; por su divinidad, se asía del trono de Dios. Como Hijo del hombre, nos dio un ejemplo de obediencia; como Hijo de Dios, nos imparte poder para obedecer. Fue Cristo quien habló a Moisés desde la zarza del monte Horeb diciendo: “Yo soy el que soy […]. Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me ha enviado a vosotros” (Éxodo 3: 14). Tal era la garantía de la liberación de Israel. Asimismo, cuando vino “en semejanza de los hombres”, se declaró el Yo soy. El Niño de Belén, el manso y humilde Salvador, es Dios, “manifestado en carne” (1 Timoteo 3: 16). Y a nosotros nos dice: “Yo soy el buen pastor”. “Yo soy el pan vivo”. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Juan 10: 11; 6: 51). “Yo soy la seguridad de toda promesa”. “Yo soy; no tengáis miedo”. “Dios con nosotros” es la seguridad de nuestra liberación del pecado, la garantía de nuestro poder para obedecer la ley del cielo».— Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 1, p. 16

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 03  «UN ENCUENTRO CON DIOS»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

Salir de la versión móvil