Un alivio para el guerrero durante la noche
«La Majestad del cielo, mientras se ocupaba de su ministerio terrenal, oraba mucho a su Padre. Frecuentemente pasaba toda la noche postrado en oración. A menudo su espíritu se entristecía al sentir los poderes de las tinieblas de este mundo, y dejaba la bulliciosa ciudad y el ruidoso gentío, para buscar un lugar apartado para sus oraciones intercesoras. El monte de los Olivos era el refugio favorito del Hijo de Dios para sus devociones. Frecuentemente después que la multitud le había dejado para retirarse a descansar, él no descansaba, aunque se sentía agotado por la labor del día. En el Evangelio según San Juan leemos: “Cada uno se fue a su casa; y Jesús se fue al monte de los Olivos”. Mientras la ciudad estaba sumida en el silencio, y los discípulos habían regresado a sus hogares para un reparador descanso, Jesús no dormía. Sus divinos ruegos ascendían a su Padre desde el monte de los Olivos para que sus discípulos pudieran ser guardados de las malas influencias que enfrentarían a diario en el mundo, y para que su propia alma pudiera ser fortalecida y vigorizada para enfrentar las obligaciones y las pruebas del día siguiente. Mientras que sus discípulos dormían, su divino Maestro pasaba toda la noche orando. El rocío y la escarcha de la noche caían sobre su cabeza inclinada en oración. Ha dejado su ejemplo para sus seguidores.
»La Majestad del cielo, mientras se ocupaba de su misión, se dedicaba frecuente y sinceramente a la oración. No siempre visitaba el monte de los Olivos, pues sus discípulos conocían su refugio favorito, y a menudo lo seguían. Elegía la quietud de la noche, cuando no sería interrumpido. Jesús podía sanar a los enfermos y levantar a los muertos. Él mismo era una fuente de bendición y fuerza. Mandaba aun a las tempestades, y ellas le obedecían. No había sido mancillado por la corrupción, ni tocado por el pecado; sin embargo, oraba, y a menudo lo hacía con profundo llanto y lágrimas. Oraba por sus discípulos y por sí mismo, identificándose así con nuestras necesidades, nuestras debilidades y nuestros fracasos, que son tan característicos de nuestra condición humana. Pedía con poder, sin poseer las pasiones de nuestra naturaleza humana caída, pero provisto de debilidades similares, tentado en todo según nuestra semejanza. Jesús sufrió una agonía que requería ayuda y apoyo de su Padre.
»Cristo es nuestro ejemplo. ¿Los ministros de Cristo son tentados y fieramente abofeteados por Satanás? Así también lo fue el que no conoció pecado. Se volvió a su Padre en estas horas de angustia. Vino a la tierra para proveer un modo por el que pudiéramos encontrar gracia y fortaleza para ayudarnos en cada momento de necesidad, al seguir su ejemplo de orar frecuente y sinceramente. Si los ministros de Cristo imitan este ejemplo, serán imbuidos de su espíritu, y los ángeles ministrarán en su favor».— Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 2, pp. 450-452
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
2do trimestre 2025 «DE VUELTA AL ALTAR»
Lección #08 «LA EXPERIENCIA DE JESÚS ANTE EL ALTAR – 2a PARTE»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
