domingo , 27 septiembre 2026
Lección de Univversitarios 2025

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Momentos sagrados

«Mientras de mañana y de tarde los sacerdotes entraban en el Lugar Santo a la hora del incienso, el sacrificio diario estaba listo para ser ofrecido sobre el altar de afuera, en el atrio. Esta era una hora de intenso interés para los adoradores que se congregaban ante el Tabernáculo. Antes de acercarse a la presencia de Dios por medio del ministerio del sacerdote, debían hacer un ferviente examen de sus corazones y luego confesar sus pecados. Se unían en oración silenciosa, con los rostros vueltos hacia el Lugar Santo. Así sus peticiones ascendían con la nube de incienso, mientras la fe aceptaba los méritos del Salvador prometido a quien simbolizaba el sacrificio expiatorio.

»Las horas designadas para el sacrificio matutino y vespertino se consideraban sagradas, y llegaron a observarse como momentos dedicados al culto por toda la nación judía. Y cuando en tiempos posteriores los judíos fueron diseminados como cautivos en distintos países, aun entonces a la hora indicada dirigían el rostro hacia Jerusalén, y elevaban sus oraciones al Dios de Israel. En esta costumbre, los cristianos tienen un ejemplo para su oración matutina y vespertina. Si bien Dios condena la mera ejecución de ceremonias que carezcan del espíritu de culto, mira con gran satisfacción a los que lo aman y se postran de mañana y tarde, para pedir el perdón de los pecados cometidos y las bendiciones que necesitan.

»El pan de la proposición se conservaba siempre ante la presencia del Señor como una ofrenda perpetua. De manera que formaba parte del sacrificio diario, y se llamaba “el pan de la proposición” o el pan de la presencia, porque estaba siempre ante el rostro del Señor. Lo dicho en Éxodo 25: 30 era un reconocimiento de que el hombre depende de Dios tanto para su alimento temporal como para el espiritual, y de que se lo recibe únicamente gracias a la mediación de Cristo. En el desierto Dios había alimentado a Israel con el pan del cielo, y el pueblo seguía dependiendo de su generosidad, tanto en lo referente a las bendiciones temporales como a las espirituales. El maná, así como el pan de la proposición, simbolizaba a Cristo, el pan viviente, quien está siempre en la presencia de Dios para interceder por nosotros. Él mismo dijo: “Yo soy el pan de vida […] que desciende del cielo” (Juan 6: 48-51). Sobre el pan se ponía incienso. Cuando se cambiaba cada sábado, para reemplazarlo por pan fresco, el incienso se quemaba sobre el altar como recordatorio delante de Dios.

»La parte más importante del servicio diario era la que se realizaba en favor de los individuos. El pecador arrepentido traía su ofrenda a la puerta del Tabernáculo, y colocando la mano sobre la cabeza de la víctima, confesaba sus pecados; así, en un sentido figurado, los trasladaba de su propia persona a la víctima inocente. Con su propia mano mataba entonces el animal, y el sacerdote llevaba la sangre al Lugar Santo y la rociaba ante el velo, detrás del cual estaba el arca que contenía la ley que el pecador había transgredido. Con esta ceremonia y en un sentido simbólico, el pecado era trasladado al santuario por medio de la sangre».— Elena G. de White, Patriarcas y profetas cap. 30, pp. 321-322

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
2do trimestre 2025 «DE VUELTA AL ALTAR»
Lección #05 «MAÑANA Y TARDE»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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