«Algún tiempo después, el rey Asuero elevó a Amán, hijo de Hamedata, descendiente de Agag, al cargo de jefe de gobierno de la nación. Todos los que servían al rey en su palacio, se ponían de rodillas e inclinaban la cabeza cuando Amán pasaba o cuando estaban delante de él, porque así lo había mandado el rey; pero Mardoqueo no quiso obedecer esta orden […]. Y cuando Amán comprobó que Mardoqueo no se arrodillaba ni inclinaba la cabeza cuando él pasaba, se llenó de indignación […]. Entonces dijo Amán al rey Asuero: “Entre todos los pueblos que componen las provincias del reino de Su Majestad, hay uno que vive separado de los demás; tiene leyes distintas de las de otros pueblos, y no cumple las órdenes de Su Majestad. No conviene a Su Majestad que este pueblo siga viviendo en su reino. Por lo tanto, si a Su Majestad le parece bien, publíquese un decreto que ordene su exterminio, y yo por mi parte entregaré a los funcionarios de hacienda trescientos treinta mil kilos de plata para el tesoro real”. Entonces el rey se quitó su anillo y se lo dio a Amán, enemigo de los judíos, diciéndole: “Puedes quedarte con la plata. En cuanto a ese pueblo, haz con él lo que mejor te parezca”». «Cuando Mardoqueo supo todo lo que había pasado, se rasgó la ropa en señal de dolor, se vistió con ropas ásperas, se echó ceniza sobre la cabeza y empezó a recorrer la ciudad dando gritos llenos de amargura. Así llegó hasta la entrada del palacio real, pues no se permitía que entrara nadie vestido de tal manera […]. Las criadas que estaban al servicio de la reina Ester y los hombres que formaban su guardia personal, comunicaron a esta lo que estaba sucediendo. Entonces la reina se llenó de angustia […]. Ester llamó entonces a Hatac, que era oficial de la guardia real, y le ordenó que fuera a ver a Mardoqueo y le preguntara qué estaba sucediendo y por qué hacía todo aquello […], y Mardoqueo lo puso al corriente de lo que pasaba y de la cantidad de plata que Amán había prometido entregar al tesoro real a cambio de que los judíos fueran exterminados […]. Entonces Ester envió esta respuesta a Mardoqueo: “Ve y reúne a todos los judíos de Susa, para que ayunen por mí. Que no coman ni beban nada durante tres días y tres noches. Mis criadas y yo haremos también lo mismo, y después iré a ver al rey, aunque eso vaya contra la ley. Y si me matan, que me maten”. Entonces Mardoqueo se fue y cumplió todas las indicaciones de Ester» (Ester 3: 1, 2, 5, 8-11; 4: 1, 2, 4, 5, 7, 15-17).
APLÍCALA A TU VIDA
Dios siempre estará a nuestro lado, aunque podamos sentirlo o no. En ocasiones estamos tan inmersos en nuestros propios problemas que nos olvidamos de depender de él. A veces, cuando pensamos que Dios nos ha abandonado a la deriva en un mundo frío y desolado, deberíamos pensar en la posibilidad de que hayamos sido nosotros quienes nos hemos alejado. Si nos entregamos a Dios y depositamos nuestra fe en él, nunca estará ausente de nuestras vidas.
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Lección de Escuela Sabática para Jóvenes.
4to. trimestre 2020 “LIBERACIÓN”
Lección 4: «UNA HISTORIA DE FE»
Colaboradores: Gisela B. Barbosa & Antonio Orellana
