IDENTIFÍCATE CON LA HISTORIA
«Luego el ángel me mostró un río de agua de vida, claro como el cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, y corría por el centro de la calle principal de la ciudad. A cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce cosechas al año, una por mes; y las hojas del árbol son para la salud de las naciones. Ya no habrá maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad. Sus siervos lo adorarán; lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos de los siglos. El ángel me dijo: “Estas palabras son verdaderas y dignas de confianza. El Señor, el Dios que inspira a los profetas, ha enviado a su ángel para mostrar a sus siervos lo que tiene que suceder sin demora. ¡Miren que vengo pronto! Dichoso el que cumple las palabras del mensaje profético de este libro”. Yo, Juan, soy el que vio y oyó todas estas cosas. Y cuando lo vi y oí, me postré para adorar al ángel que me había estado mostrando todo esto. Pero él me dijo: “¡No, cuidado! Soy un siervo como tú, como tus hermanos los profetas y como todos los que cumplen las palabras de este libro. ¡Adora solo a Dios!” También me dijo: “No guardes en secreto las palabras del mensaje profético de este libro, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca. Deja que el malo siga haciendo el mal y que el vil siga envileciéndose; deja que el justo siga practicando la justicia y que el santo siga santificándose. ¡Miren que vengo pronto! Traigo conmigo mi recompensa, y le pagaré a cada uno según lo que haya hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin. Dichosos los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para poder entrar por las puertas de la ciudad» (Apocalipsis 22: 1-14).
APLÍCALA A TU VIDA
Después de leer el pasaje que aparece en la sección Identifícate con la historia de esta semana, reflexiona con oración en las palabras de Richard L. Neil:
«Tú puedes estar allí; ¡tú tienes que estar allí! Las pruebas de nuestro mundo presente no se pueden comparar con el gozo que experimentaremos cuando estemos reunidos con nuestros amados y podamos finalmente contemplar a nuestro Salvador. ¿Cuál es el costo de alcanzar este premio? Tan solo la determinación de permitir que Cristo sea el Señor de nuestra vida. La aceptación de su sacrificio por nuestros pecados y el vivir una vida según las instrucciones que se encuentran en su Palabra es todo lo que se necesita para vivir con Dios por la eternidad. El precio ya ha sido pagado. La elección depende de ti» (Richard L. Neil, His Coming, p. 94).
¿Cuál será tu decisión?
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Lección de Escuela Sabática para Jóvenes.
4to. Trimestre 2022 “UN LIBRO ABIERTO”
Lección 13: «UN MUNDO RENOVADO»
Colaboradores: Karla González & Karen Saban

