«Al salir encontraron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Llegaron a un lugar llamado Gólgota (que significa “Lugar de la Calavera”). Allí le dieron a Jesús vino mezclado con hiel; pero después de probarlo, se negó a beberlo. Lo crucificaron y repartieron su ropa echando suertes. Y se sentaron a vigilarlo. Encima de su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: “Este es Jesús, el Rey de los judíos”. Con él crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Los que pasaban meneaban la cabeza y blasfemaban contra él: “Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reconstruyes, ¡sálvate a ti mismo! ¡Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz!” De la misma manera se burlaban de él los jefes de los sacerdotes, junto con los maestros de la ley y los ancianos. “Salvó a otros —decían—, ¡pero no puede salvarse a sí mismo! ¡Y es el Rey de Israel! Que baje ahora de la cruz, y así creeremos en él. Él confía en Dios; pues que lo libre Dios ahora, si de veras lo quiere. ¿Acaso no dijo: ‘Yo soy el Hijo de Dios’?” Así también lo insultaban los bandidos que estaban crucificados con él. Desde el mediodía y hasta la media tarde toda la tierra quedó en oscuridad. Como a las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerza: “Elí, Elí, ¿lama sabactani?” (Que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”). Cuando lo oyeron, algunos de los que estaban allí dijeron: “Está llamando a Elías”. Al instante uno de ellos corrió en busca de una esponja. La empapó en vinagre, la puso en una caña y se la ofreció a Jesús para que bebiera. Los demás decían: “Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo”. Entonces Jesús volvió a gritar con fuerza, y entregó su espíritu. En ese momento la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y se partieron las rocas. Se abrieron los sepulcros, y muchos santos que habían muerto resucitaron. Salieron de los sepulcros y, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos» (Mateo 27: 32-53).
APLÍCALA A TU VIDA
Después de repasar la sección Identifícate con la historia, comenta lo que piensas respecto a la observación que hizo John Stott en The Cross of Christ [La cruz de Cristo]:
«Jamás podría creer en Dios de no ser por la cruz. En nuestro mundo real lleno de dolor, ¿cómo podríamos adorar a un Dios que se mostrara indiferente al dolor? Pero pienso en esa figura solitaria, sufriente y torturada allí en la cruz, con clavos atravesándole las manos y los pies, con su espalda lacerada, las extremidades dislocadas, su frente sangrante por las espinas, la boca seca e intolerablemente sedienta, sumido en una oscuridad ajena a Dios. Ese es el Dios para mí. Él dejó de lado su inmunidad al dolor. Entró a nuestro mundo de carne y sangre, de lágrimas y de muerte». ¿Cuál es tu reacción?:
- ¿Cómo afecta la cruz tu creencia en Dios?
- ¿Podría haber redimido Dios a la raza humana sin dolor o sufrimiento? Explica tu respuesta.
- ¿Qué nos dice la cruz sobre el amor de Jesús?
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Lección de Escuela Sabática para Jóvenes.
4to. Trimestre 2021 “EL PODER SUPREMO”
Lección 08: «LA LECCIÓN DE LA CRUZ»
Colaboradores: Karla González & Uriel Agustin
