Referencias:
• 1 Reyes 18: 1-40;• Profetas y reyes, caps. 10 Y 11;• Creencias fundamentales 3, 17,18.Versículo para memorizar:«¡Respóndeme, Señor; respóndeme para que esta gente sepa que tú eres Dios, y que los invitas a volverse de nuevo a ti!» (1 Reyes 18: 37)
Mensaje:Dios usa los acontecimientos de nuestra vida para volver nuestros corazones hacia- él
¿Has tenido alguna vez dudas acerca de algo y luego has recibido confirmación absoluta de la autenticidad de aquello que dudabas? Eso fue exactamente lo que Dios hizo por los hijos de Israel para que abandonaran la idolatría y volvieran a adorar al único Dios verdadero.
» Elías -dijo Dios. -Sí, Padre -contestó Elías. -Ha llegado el momento. Ve y muéstrate al rey Acab, porque yo haré que llueva.
Elías nuevamente obedeció a Dios sin demora. Comenzó el largo camino de regreso a Samaria para ver al rey. Ahora el paisaje se veía muy diferente, después de más de tres años de sequía y hambre. La tierra estaba endurecida y resquebrajada. Elías se protegió la nariz y la boca del polvo que el viento levantaba. Pasó por aldeas, donde vio montones de piedras que cubrían los cadáveres de los que habían muerto de hambre. El profeta pensó que la gente por fin estaría dispuesta a volverse a Dios.
El rey Acab buscaba personalmente lugares donde hubiera pasto para sus animales. El hambre había llegado hasta el palacio real. La comida y el agua habían sido racionadas. Uno de los servidores de Acab llevó el mensaje: «Elías ha regresado. Quiere que vaya usted, majestad, a encontrarse con él».
En cuanto el rey vio a Elías, le dijo: -Así que has vuelto finalmente. Eres el mayor alborotador de la historia.
-No soy yo quien ha provocado todas estas dificultades. Tú eres el responsable. Tú y tus antepasados, porque rechazaron a Dios y siguieron a Baal.
A continuación Elías le dijo a Acab que debía convocar al pueblo, incluyendo a todos los profetas de Baal, en el monte Carmelo.
El rey Acab acudió al monte Carmelo rodeado por sus oficiales y su guardia personal. Los 450 sacerdotes de Baal subieron por el monte hasta el lugar designado y rodearon a Elías. Esperaban que una manifestación de fuerza asustaría al profeta de Jehová.
Elías impartió las instrucciones. Dos animales se dispondrían en dos altares como sacrificio. Primero los sacerdotes de Baal pedirían a su dios que manifestara su aceptación de la ofrenda haciendo descender fuego del cielo para quemarla. Luego Elías pediría a Jehová Dios que aceptara su ofrenda enviando fuego del cielo para consumirla. El dios que contestara enviando fuego sería declarado el Dios verdadero.
Los profetas de Baal prepararon el animal sobre el altar de Baal. A continuación comenzaron a invocar a su dios diciendo: «iBaal, respóndenos! Demuestra que tú eres el dios que controla las fuerzas naturales. Envía tus rayos de fuego para quemar el sacrificio». Danzaban alrededor del altar. Nada sucedió. Daban brincos y proferían gritos, pero nada sucedía.
El pueblo observaba y escuchaba. Los sacerdotes se cortaban el cuerpo con afilados cuchillos y hacían correr la sangre, pero no recibían ninguna respuesta. Rogaron durante muchas horas a Baal que respondiera enviando fuego, pero no consiguieron nada.
Los profetas y sacerdotes de Baal, totalmente agotados, dejaron de invocar a su dios. Era la hora del sacrificio de la tarde. Elías caminó entonces hasta el altar de Jehová y lo reparó. A continuación cavó una zanja alrededor del altar. Dispuso la leña. Puso encima el animal descuartizado como sacrificio a Jehová. Ordenó que derramaran agua sobre el sacrificio y que llenaran la zanja que había cavado. Ordenó a los hombres que volvieran a echar más agua sobre el altar. Por tercera vez ordenó que hicieran lo mismo.
Todos observaban a Elías mientras se arrodillaba junto al altar. Todos pusieron atención a sus palabras: «iSeñor, Dios de Israel, haz que todos sepan hoy que tú eres Dios en Israel, y que deseas que te entreguen su corazón!». Elías no gritó, no saltó, ni se hizo cortes en el cuerpo. Solo hizo una breve y sencilla oración.
La respuesta de Dios fue instantánea. Los rayos surcaron el espacio. Una llama de gran tamaño apareció sobre el altar y comenzó a consumir al animal empapado en agua, las piedras mojadas y hasta el agua de la zanja. El pueblo cayó con el rostro en tierra y todos se cubrieron la cabeza y exclamaron: «¡El Señor es Dios! iEI Señor es Dios!». Era un Dios que los amaba tanto que se dignó a realizar esa manifestación de su poder para ganar el corazón de sus hijos rebeldes.
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Lección de Escuela Sabática para Menores 4to Trimestre 2026
Lección 02: « PRIMERO FUEGO, DESPUÉS LLUVIA»
Colaboradores: Rubí Murrieta
