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«Jonás, en lugar de obedecer, trató de huir del Señor, y se fue al puerto de Jope, donde encontró un barco que estaba a punto de salir para Tarsis; entonces compró pasaje y se embarcó». Jonás 1: 3.
Durante mi adolescencia, el primer ítem de mi breve lista de cosas que «nunca debes hacer por miedo a perder la vida» era este: si algún día tienes problemas, nunca, bajo ningún concepto, huyas de tus padres. Pero un día estábamos mi hermano y yo inocenternente jugando con la pelota dentro de la casa cuando le di una patada demasiado apasionada al baló
y. . . salió disparado hacia el ventilador. Cuando el ventilador se hizo añicos contra el piso, oímos la voz de mi madre: «¡Qué acaban de romper! En un solo segundo decidí ignorar el primer ítem de mi lista y salí huyendo de la escena del crimen como un conejito asustado.
Mi hermano pequeño, que no quería ser el único acusado, me siguió tan rápido como podían correr sus piernas. Dimos varias vueltas a la casa huyendo de nuestra madre pero ella fue poco a poco ganándonos terreno y también enojándose más y más. En otra fracción de segundo tomé una decisión, que por cierto, también debía de haber estado en mi lista de cosas que nunca debes hacer por miedo a perder la vida.
Al pasar frente al baño, entré adentro y, de un golpazo, cerré la puerta, que le dio a mi hermano en las narices.
Eché la llave y mi pobre hermano se quedó afuera chillando y dando golpes a la puerta como un demente.
Mi madre Io alcanzó y se llevó unos azotes. Fue entonces cuando me puse a pensar (con escalofríos, debo reconocer) que no había pensado qué haría una vez dentro del baño.
Cuando leo la historia de Jonás me pregunto lo mismo: ¿Qué pensaba hacer una vez estuviera en el barco huyendo de Dios?
Al menos hizo lo que yo no supe hacer una vez me encerré en el baño: admitió su error y dijo a los demás que lo echaran al agua para que Dios decidiera qué hacer con él.
¿Qué cosas hay en tu vida de las que estás huyendo porque no quieres enfrentarlas? A veces yo culpo de mi falta de interés en la iglesia a los aburridos sermones del pastor, o digo que no tengo tiempo para estudiar la Biblia ni para orar porque tengo que quedarme hasta tarde trabajando. Sea lo que sea que me impide hacer lo que tengo que hacer, es mi responsabilidad dejar de huir y enfrentar las cosas. Lo más interesante es que si estoy dispuesto a enfrentarlas, Dios está ahí para ayudarme, igual que hizo por Jonás cuando salvó su vida enviándole a un gran pez.
#MatinalDeAdolescentes
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
TOMADO DE:
Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2017.
“FUSIÓN”
Por: Melissa & Greg Howell Seth Pierce.
