martes , 29 septiembre 2026
Matinal Para Adultos 2018

Huellas del servicio

«Si alguno quiere ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos». Marcos 9: 35

SON MUCHOS LOS QUE HAN DEJADOS SUS HUELLAS en el sendero del servicio, sobre todo en la predicación del evangelio. Entre ellos está Ovid Elbert Davis, presidente de la Misión Adventista de la entonces Guayana Británica. Me gustaría repasar hoy con más detalle una de las grandes experiencias de su vida.

En cierta ocasión, Ovid recibió en su oficina a dos indígenas de caras pintadas. Le dijeron que habían venido desde el monte Roraima a buscar a un misionero que guardaba el sábado. Según ellos, habían recibido mediante una visión el evangelio de Jesucristo: la creación, el sábado, la caída del hombre, la salvación por medio de Jesús, su regreso en gloria y la monogamia. El cacique Auká, obediente a la visión, reformó su vida y la de su pueblo. Dejaron de hacer sacrificios humanos, abolieron la poligamia y comenzaron a guardar el sábado. Pero luego de un tiempo, el viejo cacique murió y no pudo ver realizada la parte final de su sueño: conocer al hombre blanco con el libro negro que había visto en la visión.

En 1910, el pastor Ovid Davis decidió emprender el viaje. Se encontró con un minero buscador de oro llamado George Dinklage, y llegó hasta la zona del Cuyuní, pero no pudo continuar el viaje porque enfermó. El año siguiente lo intentó de nuevo. Se despidió de su esposa y de sus dos hijos pequeños diciendo que si no regresaba, se mantuvieran fieles a Dios y a la iglesia.

Varias semanas tardó en llegar hasta donde estaba la tribu de los indios arahuacos. Se encontró con ellos el 7 de junio de 1911. Para su sorpresa, encontró un grupo que guardaba el sábado y había desechado la poligamia. Ellos le contaron de la visión que tuvo el cacique Auká; y el pastor les enseñó algunos himnos. Allí pudo organizar la primera iglesia adventista en Guyana.

Ovid enfermó de paludismo y no logró soportar la enfermedad. Antes de morir, reunió al pueblo para animarlos a seguir creciendo en la fe. Los arahuacos derribaron el Roraima, un árbol que antes adoraban, y con la corteza envolvieron el cuerpo del pastor Davis y lo sepultaron. Allí permanecerá hasta la segunda venida de Cristo, cuando al fin podrá reunirse con su esposa y sus dos hijos. Actualmente hay varias iglesias en Guyana, gracias a una vida de servicio que dejó huellas del evangelio.

¿Qué huellas dejaremos al morir? ¿Huellas de paz y de salvación? ¿Huellas de amor y de servicio? Que Dios nos permita dar todo lo que tenemos al servicio de los demás.

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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez

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