martes , 3 noviembre 2026
Inicio Las Bellas Historias de la Biblia HISTORIA 11: EL MÁS NOBLE DE TODOS
Las Bellas Historias de la Biblia

HISTORIA 11: EL MÁS NOBLE DE TODOS

LOS AÑOS siguientes transcurrieron con mucha felicidad para José. Seguramente le parecieron como si hubiera salido de un largo y oscuro túnel a un mundo de luz.

No solo Faraón le mostró aprecio dándole una hermosa mansión, un espléndido carruaje y una bella esposa, sino que también los egipcios lo amaban. Lo consideraban el mejor gobernador que alguna vez hubieran tenido. Nunca les había ido tan bien. Durante siete años tuvieron abundantes cosechas. «La tierra produjo grandes cosechas».

Aunque el gobierno recogía una quinta parte de todas las cosechas, nadie se quejaba porque todos tenían tanta abundancia que no sabían qué hacer con el sobrante. Nadie se preocupaba por el futuro.

Pero José, que sabía lo que iba a suceder, recorría el país de extremo a extremo en su carruaje para disponer de lugares en que almacenar los granos. Hizo que se construyeran graneros en cada ciudad y los fue llenando hasta que rebasaban.

Al principio, trató de guardar un registro de la cantidad de cereales que iban almacenando, pero al final se dio por vencido. Era demasiado. José llegó a juntar «alimento como quien junta arena del mar, y fue tanto lo que recogió que dejó de contabilizarlo. ¡Ya no había forma de mantener el control!»

Repentinamente, sin embargo, los siete años de abundancia terminaron. En el año octavo, cuando llegó el tiempo de la cosecha, no había casi nada para recoger. Todo estaba seco y marchito. Habían comenzado los siete años de escasez.

Por todas partes las cosechas fracasaban y pronto millones de personas empezaron a pasar hambre. «De todos los países llegaban a Egipto para comprarle alimento a José, porque el hambre cundía ya por todo el mundo».

José trató de mantener intactos durante algún tiempo los cereales que había ido acumulando en los graneros, porque sabía que debían durar por varios años. Pero la situación se volvió tan grave que debió dar la orden de que comenzara a venderse trigo a la gente hambrienta. ¡Cuán agradecidos se sintieron todos al ver lo sabio y previsor que había sido José!

En Canaán, Jacob también empezó a preocuparse por el hambre. Nunca había visto una escasez tan terrible. No había hierba para los animales, ni trigo para hacer pan con que alimentar a su numerosa familia. La última cosecha había fracasado y las reservas de alimento comenzaban a escasear peligrosamente.

Por fin llamó a sus hijos y les dijo: «He sabido que hay alimento en Egipto. Vayan allá y compren comida para nosotros, para que no muramos, sino que podamos sobrevivir».

Diez de sus hijos emprendieron entonces el viaje a Egipto, mientras Benjamín quedaba con su padre.

Los hermanos recorrieron el mismo camino que había seguido José veintidós años antes, cuando lo habían vendido como esclavo a los ismaelitas. Mientras viajaban, más de una vez deben haber recordado lo mal que se habían portado con el muchacho y se habrán preguntado si por casualidad lo encontrarían en Egipto, en caso de que todavía estuviera vivo. Pero lo que ni se les habrá ocurrido es que podría ser el gobernante de todo Egipto, el hombre más importante después del faraón.

Cuando llegaron a Egipto, averiguaron dónde se vendía trigo, y se les dijo que debían conseguir un permiso del gobernador. Fueron entonces al lugar en que podían entrevistarse con él. Entraron en la sala y se inclinaron respetuosamente ante el gobernador, sin suponer siquiera que ese hombre importante, vestido con espléndidos mantos de un eminente funcionario y que hablaba el idioma egipcio con toda corrección, era su propio hermano.

Pero José los reconoció enseguida y se sintió feliz de verlos. Sin embargo, antes de darse a conocer, decidió averiguar si ellos habían cambiado de manera de ser durante los años que habían pasado desde el día en que lo habían vendido como esclavo.

Con voz ruda, los acusó de ser espías. Esto los asustó mucho, y humildemente le contestaron que no eran espías sino gente buena, hijos de un anciano que vivía en Canaán, y que solo habían venido a buscar alimento. Pero José insistió:

—»¡De seguro ustedes son espías!»

Finalmente, ordenó que se los colocara en la cárcel. Tal vez quiso hacerles sentir lo que es estar preso, o solo trató de darse tiempo para pensar qué haría después con ellos. Lo que más deseaba era ver a su hermano menor, al querido Benjamín; pero ¿cómo podría lograrlo sin que supieran quién era él?

Finalmente, José pensó en un plan y mandó a buscar a sus hermanos. Les sugirió que, para mostrar que le habían dicho la verdad, quedara uno de ellos como rehén mientras los demás regresaran a su tierra con algún alimento y volvieran trayendo a Benjamín. Ellos aceptaron el plan y José eligió a Simeón para que quedara preso.

Mientras los guardias lo encadenaban a la vista de sus hermanos, estos temblaban de miedo. Y sucedió algo extraño. Repentinamente los hermanos llegaron a la conclusión de que lo que les estaba pasando era un castigo por la manera en que habían tratado a José hacía años, y comenzaron a decirse unos a otros:

—»Sin duda estamos sufriendo las consecuencias de lo que hicimos con nuestro hermano. Aunque vimos su angustia cuando nos suplicaba que le tuviéramos compasión, no le hicimos caso. Por eso ahora nos vemos en aprietos».

Y Rubén les dijo:

—»Yo les advertí que no le hicieran daño al muchacho, pero no me hicieron caso».

Aunque ellos no lo sabían en ese momento, José entendía cada palabra. «José se apartó de ellos y se echó a llorar». ¡Qué corazón más sensible el suyo!

Mientras los nueve hermanos regresaban, preocupados, a Canaán, descubrieron que dentro de cada saco de trigo estaba el dinero que habían pagado por ellos. No podían imaginarse cómo el dinero había ido a parar allí, y esto les hizo temer más la idea de volver a Egipto. Ignoraban que José, como muestra de amor, había ordenado que se les devolviera lo que habían pagado.

Cuando llegaron de vuelta a casa le contaron a Jacob lo que les había ocurrido y cómo el gobernador de Egipto les había dicho que no volvieran a buscar trigo a menos que trajeran a su hermano menor.

—»¿A Benjamín? —exclamó Jacob—. ¡Jamás! ¡Ustedes me van a dejar sin hijos! José ya no está con nosotros, Simeón tampoco está aquí, ¡y ahora se quieren llevar a Benjamín! ¡Todo esto me perjudica!»

Vez tras vez Jacob rehusó permitir que Benjamín fuera a Egipto; pero cuando las provisiones se acabaron, tuvo que ceder.

—»Vayan con su hermano menor y preséntense ante ese hombre. ¡Que el Dios Todopoderoso permita que ese hombre les tenga compasión y deje libre a su otro hermano, y además vuelvan con Benjamín! En cuanto a mí, si he de perder a mis hijos, ¡qué le voy a hacer! ¡Los perderé!»

¡Pobre Jacob! Ya había perdido a José. Simeón estaba en prisión en Egipto, y ahora temía estar perdiendo a Benjamín también. Dios debe haber sonreído al pensar en la sorpresa que esperaba justo a la vuelta de la esquina.

www.meditacionesdiarias.com
www.faceboock.com/meditacionesdiariass
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.meditacionesdiarias.mobile
https://open.spotify.com/show/7oF9U4nFuVbsX37N19PoNe
https://music.amazon.com.mx/podcasts/c98bee34-930c-4bae-baa1-558575905284/las-bellas-historias-de-la-biblia

Tomado de: Las Bellas Historias de la Biblia
Por: «Arthur S. Maxwell»
Colaboradores: Norma Jeronimo & Miguel Miguel

Matinales relacionados

HISTORIA 08: AGUA DE UNA ROCA

DURANTE los 38 años siguientes, los hijos de Israel peregrinaron por el...

HISTORIA 7: FLORES EN UNA VARA

LA gran rebelión había llegado a su fin. Casi 15, 000 personas...

HISTORIA 06: LA GRAN REBELIÓN

PUEDES imaginarte cómo se sintió el pueblo. Se deben haber sentido desanimados...

HISTORIA 5 TAN CERCA, PERO TAN LEJOS

¿SABES cuánta distancia hay desde el monte Sinaí hasta el S límite...