«Jesús les dijo: «Síganme, y yo haré de ustedes pescadores de hombres»».
Mateo 4: 19, RVC
La gracia divina en el alma recién convertida es progresiva. Proporciona cada vez más gracia, no para ser ocultada debajo de un almud, sino para ser compartida a fin de beneficiar a otros. La persona que se ha convertido genuinamente trabajará para salvar a otros que están en tinieblas.— Evangelismo, cap, -10, p. 266.
Cuando tratemos de aconsejar o amonestar a cualquiera que esté pasando por una crisis, nuestras palabras tendrán únicamente el valor de la influencia que nos hayan ganado nuestro propio ejemplo y espíritu. Tenemos que ser buenos antes de que podamos obrar el bien. No podemos ejercer una influencia transformadora sobre otros hasta que nuestro propio corazón haya sido humillado, refinado y conmovido por la gracia de Cristo. Cuando se efectúe ese cambio en nosotros, nos resultará natural vivir para beneficiar a otros, así como es natural para el rosal producir sus fragantes flores o para la vid sus dulces frutos.— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 6, pp. 193, 194.
Aquel cuyo corazón está lleno con la gracia de Dios y con amor a sus prójimos que perecen, hallará la oportunidad, no importa dónde esté colocado, de hablar una palabra en sazón a los cansados. Los cristianos han de trabajar por su Maestro con humildad y mansedumbre, aferrándose a su integridad en medio del ruido y bullicio de la vida.— Mensajes selectos, t. 1, pp. 104, 105.
Nos dejamos desalentar con demasiada facilidad respecto de los que no corresponden en el acto a los esfuerzos que hacemos por ellos. No debemos jamás dejar de trabajar por un alma mientras quede un rayo de esperanza. Las valiosas almas costaron al Redentor muchos sacrificios para que queden abandonadas así al poder del tentador. Sin una mano, que les ayude, muchos no lograrán jamás reponerse moralmente; pero mediante esfuerzos pacientes y constantes se los puede levantar. Necesitan palabras de ternura, benevolente consideración, ayuda positiva. Cristo puede levantar a los más pecadores, y ponerlos donde se les reconozca como hijos de Dios y coherederos con Cristo de la herencia inmortal. Por el milagro de la gracia divina, muchos pueden prepararse para una vida provechosa.—El ministerio de curación, cap. 10, p. 104, 105.
EL PROPOSITO DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
