«¡Despierta! Reaviva lo que aún es rescatable […I. Así que recuerda lo que has recibido y oído; obedécelo y arrepiéntete. Si no te mantienes despierto, cuando menos lo esperes caeré sobre ti como un ladrón. Sin embargo, tienes en Sardis a unos cuantos que no se han manchado la ropa. Ellos, por ser dignos, andarán conmigo vestidos de blanco.El que salga vencedor se vestirá de blanco. Jamás borraré su nombre del libro de la vida». Apocalipsis 3: 2-5, NTVN
EN SARDIS UNOS POCOS mantuvieron su integridad. Su única esperanza estribaba en aferrarse al Señor y entonces habría de cumplirse en ellos la promesa: «Haré más precioso que el oro fino al varón y más que el oro de Ofir al ser humano» (Isa. 13: 12). […]
En la iglesia cristiana primitiva hubo quienes fueron verdaderos discípulos de Cristo. Se reunían a menudo para orar. Luchaban para promover los principios y valores con marchamo celestial. Primeramente escuchaban la voz de Dios a fin de asegurarse por qué espíritu eran impulsados, y luego examinaban estrecha y críticamente cada punto, cada actuación, cada fundamento, a la luz que emanaba del Sol de Justicia. No aceptaban fuego extraño. Tomaban su fuego del altar divino. Para ellos los principios santos y justos eran sagrados, y haciéndolos suyos se mantenían sin mancha en el mundo.
Contemplando siempre a Jesús, se fijaban en la actitud que él había tenido en su ministerio terrenal, y seguían su ejemplo. Compartían con otros la Palabra de Dios en su pureza. Esta Palabra era su consejera, su guía, su compañera perrnanente. Para ellos Escrituras eran la autoridad suprema. Para cada pregunta que los inquietaba tenían una norma para consultar. No se trataba de preguntarse: «¿Qué dicen este o aquel?»; sino: «¿Qué dice el Señor?».
Los que sean impulsados por el amor de Cristo serán fieles a la misión y a la Palabra de Dios. […] El verdadero cristiano depende en todo de su Hacedor, y no se avergüenza de reconocer su dependencia de él. Como Daniel, no se atribuirá méritos a sí mismo (ver Dan 2:20-23). Dará todo el honor a Dios, haciendo conocer tanto a los mundanos como a sus hermanos que depende del Señor, y quitará de su vida todo aquello que contriste al Espíritu Santo. Como Daniel, aprovechará cada oportunidad para aumentar sus conocimientos. Comerciará con los talentos que el Señor le ha dado de acuerdo a los sagrados principios especificados en la Palabra y esto multiplicará su habilidad. […]
Cuando Dios da conocimiento a alguien, su conducta ha de estar en armonía con la voluntad de Dios, y los que se conecten con esa persona podrán confiar en su criterio para idear y planear para el progreso y el avance de la divina misión de la salvación de las almas que están a punto de perecer. El apóstol Pedro dice:«Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia» (2 Ped. l: 2-3).—Manuscrito 66, 24 de mayo de 1898, dirigido a la Asociación General y a nuestras editoriales, adaptado.
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Devocional Vespertino Para 2019.
“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
