«Vino Jehová, se paró y llamó como las otras veces: «Samuel, Samuel!’ Entonces Samuel dijo: «Habla, que tu siervo escucha» 1 Samuel 3: 10
SAMUEL VIVIÓ EN UNA ÉPOCA en que «escaseaba la palabra de Jehová» (1 Sam. 3: l). Fue en esas circunstancias que Dios se presentó a Samuel, un joven que había aprendido desde pequeño a ser sensible a la voz de Dios. La historia es bien conocida. La respuesta de Samuel quedó registrada como una de las frases más dulces a los oídos de Dios: «Habla, que tu siervo escucha».Hoy vivimos en días muy parecidos a los de Samuel. La gente está confundida por millares de voces. El existencialismo, el racionalismo, y una sucesión interminable de «ismos» presentan cada uno una teoría más moderna e interesante que el otro. Muy poca gente está dispuesta a decir: «Habla, Señor, que tu siervo oye». La mayoría está más dispuesta a oír otras voces antes que la voz de. Dios.
Eso no significa que Dios no quisiera comunicarse con el ser humano. Dios siempre trató de hablarle al hombre, de muchas maneras. Sucede que en aquellos días la gente no oía más la voz de Dios. La Biblia dice que «Elí era muy viejo, pero cuando supo lo que sus hijos hacían con todo Israel y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del Tabernáculo de reunión, les dijo: «¿Por qué hacéis semeja Oigo hablar a todo este pueblo de vuestro mal proceder. No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo, pues hacéis pecar al pueblo de Jehová». Pero ellos no oyeron la voz de su padre» (1 Sam. 2: 22-25).
¿Oíste a alguien decir: «No es esto lo que quiero para mí»? ¿Escuchaste alguna vez a alguien argumentar, diciendo que nadie tiene el derecho a decirle lo que es o no es moral?
Los amigos de Jesús, los que salieron de la rutina de ser simplemente buenos miembros de iglesia y entraron en una vida de compañerismo permanente con Jesús, esa maravillosa dimensión del cristianismo, son sensibles a su voz. Andan por las calles, estudian en las universidades, compran, venden, manejan vehículos en las carreteras, participan de la vida cotidiana de un país que crece cada día, pero a cada minuto están listos para decir: «Habla, Señor, que tu siervo escucha».
Hoy es un nuevo día para ti. ¿Estás por salir? ¿Están preparados el portafolio, la mochila, el auto? No te olvides de lo que realmente importa ¿Qué tal decir: «Señor Jesús, ¿estás listo para salir conmigo?» Deseo que tengas un día maravilloso, y que a lo largo de él no olvides que Jesús está a tu lado. Siempre sé sensible a su voz.
¿Que no estás por salir de casa? ¿Que estás en la cama, enfermo? Mira a Jesús y dile: «Habla Señor, a través de esta situación, que tu siervo escucha».
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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por: Alejandro Bullón
