VERSÍCULO PARA MEMORIZAR
«Los hombres sabios, los que guiaron a muchos por el camino recto, brillarán como la bóveda celeste; ¡brillarán por siempre, como las estrellas!» (Daniel 12:3).
MENSAJE
Confiamos en Dios, no en los poderes y fortalezas de este mundo.
REFERENCIAS
Daniel 11:1-12: 3; El conflicto de los siglos, cap. 18; Creencias fundamentales 18, 22, 8.
¿Has participado alguna vez en una pelea? Quizá le has gritado a tu hermano o hermana. O te has enojado con alguien en la escuela. O tal vez has visto a dos personas luchando físicamente entre sí. ¡Imagina cómo sería si todas las personas que te rodean, en tu casa y en la escuela, estuvieran peleando unas contra otras constantemente! Esa fue la visión que tuvo Daniel.
Imagina que estas parado en la azotea del balcón del palacio del rey en Babilonia. El rey actual está de viaje, dirigiendo el ejército para invadir a un país vecino del sur. Pero contigo en el balcón se encuentra un residente de la ciudad, un extranjero, como tú, pero con extraordinaria reputación entre los babilonios, el anciano profeta Daniel.
Si Daniel te pudiera señalar los lugares más importantes de la ciudad, señalaría primeramente la suntuosa puerta por donde marchó por primera vez como un adolescente cautivo. Cerca de allí te mostraría los departamentos donde él y sus jóvenes amigos llamaron la atención de Nabucodonosor. Un poco más allá de la ciudad, se encuentra la llanura donde se construyó la enorme estatua de oro y el horno ardiente donde arrojaron a Sadrac, Mesac y Abednego. ¡Mira más allá! Esos increíbles jardines colgantes. Daniel no lo sabía en ese momento, pero más tarde la gente se referiría a esos jardines al igual que las pirámides, como una de las siete maravillas del mundo antiguo.)
Si escuchas cuidadosamente desde el balcón, todavía puedes oír el caminar de los leones de un lugar hacia otro en el foso donde arrojaron a Daniel. Escucha en la noche cuando los leones están hambrientos y podrás sentir el terror que los leones causaban a los ciudadanos babilonios.
Pero si Daniel te estuviera contando acerca de Babilonia, no se podría concentrar solamente en el pasado. Babilonia era el lugar desde donde Daniel vio el futuro.
Daniel te contaría acerca de los leones, los osos y los leopardos que representaban los poderosos imperios del mundo antiguo. Te contaría acerca de terribles e indescriptibles bestias como nadie jamás ha visto o imaginado. Te hablaría acerca de carneros y machos cabríos, cuernos y coronas y miles y miles de ángeles. Él te describiría cómo será cuando regrese el Rey de reyes en las nubes de los cielos. Y tú estarías escuchando la historia, absorto.
Luego Daniel se aseguraría de que estás prestando atención y te diría que quiere compartir contigo su visión acerca de guerras y del dios de las fortalezas. «Eso fue una pesadilla —explicaría —, con tantos ejércitos, batallas e invasiones que no puedes imaginar. La matanza, los saqueos y robos nunca cesaron. ¡la gente en la visión! Estaba llena de ira, orgullo, violencia, enojos e insolencia. Eran personas despreciables. Hacían lo que querían. Engañando y diciendo mentiras».
Y así es exactamente la vida en este mundo, sin Jesús, desde entonces hasta hoy. Pero afortunadamente Daniel vio más allá de esa clase de vida, y comenzó a describir en Daniel 12 cuando Miguel, el gran príncipe, regresará para rescatar a su gente y llevarla de vuelta al «hermoso país» (Daniel 11:41) y darle su herencia.
Adorar al «dios de las fortalezas» (Daniel 11:38) en lugar del Dios de paz resulta en guerras, guerras y más guerras. La fortaleza y el poder terrenal nunca nos salvarán. Pero cuando adoramos a Dios, al Dios de paz, reconocemos que confiamos en que él vendrá y nos salvará del dolor de la guerra y el sufrimiento.
¡Este es un mensaje que vale la pena compartir!
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