«Tómala y vete. Quiero darle al último obrero contratado lo mismo que te di a ti». Mateo 20:14, NVI .
Brasil necesitaba vencer a Turquía aquel 26 de junio de 2002 al segundo tiempo, pero Nata Saba marcado un gol al comienzo del segundo tiempo, pero nada estaba garantizado. Después del gol brasileño, los turcos comenzaron a presionar a la defensa y casi empatan el partido.
Cuando faltaban solo cinco minutos para el final del partido, el técnico «Felipao» hizo un cambio táctico. Sacó al mediocampista Kleberson y metió al lateral derecho Belletti. La idea no era reforzar la defensa, sino poner a un jugador descansado para apoyar el ataque por el lado derecho.
Funcionó. Belletti intercambió pases con el delantero Denilson, y la pelota permaneció un tiempo precioso en ese sector del campo, lo que neutralizó el ataque de Turquía. A pesar de jugar solo unos pocos minutos en toda la Copa, Belletti fue importante para Brasil. Cuando la selección conquistó e l título en el siguiente partido, él también levantó la copa.
En una competencia colectiva como el fútbol, no importa si juegas mucho o poco, si eres titular o reserva. Si el equipo gana el campeonato, todos ganan. En la Copa de 2002, e l arquero brasileño Rogério Ceni ni siquiera jugo, pero también se lo considera pentacampeón mundial.
El versículo de hoy se extrae de la parábola de los trabajadores de la viña, la historia de un hombre que contrató personas para trabajar en su plantación. Lo interesante es que este hombre, que representa a Dios, contrató trabajadores a diferentes horas a lo largo del día. Evidentemente, al final de la jornada, algunos «sudaron la camiseta» más que otros. Sin embargo, todos fueron recompensados con el mismo salario, lo que generó insatisfacción entre aquellos que habían trabajado más tiempo.
El hecho de que el patrón eliminara los privilegios y diera el mismo salario a todos, indica que la gracia de Dios es inclusiva y abraza indistintamente a aquellos que aceptan su invitación. No importa la etnia ni la condición social, si se lleva décadas en la iglesia o s i se e s nuevo en la fe, todos pueden ser salvos si así lo desean.
Aunque injusta a los ojos humanos, la gracia de Dios tiene la capacidad de otorgar el trofeo de la salvación tanto a los «goleadores» como a aquellos que están en el banco. ¿Ya formas parte del equipo ganador?
Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2026
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
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