sábado , 18 julio 2026
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Lección Menores 2022

GOZO PARA TI Y PARA MÍ

Texto Clave: Lucas 2: 1-20; El Deseado de todas las gentes cap. 4 ; Creencias fundamentales 4, 3, 10.

VERSICULO PARA MEMORIZAR

“Pues  Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera; sino que tenga vida eterna» (Juan 3: 16). 

MENSAJE

«Adoramos a Dios cuando aceptamos el don de su Hijo«.

Piensa en la forma en que reaccionas cuando recibes buenas noticias. ¿Te las guardas para ti o las compartes con tus amigos y tu familia? Sigue leyendo para saber cómo los ángeles y los pastores compartieron las buenas nuevas que escucharon. Cuando termines de leer la historia piensa en la forma en que podrías divulgar las noticias del nacimiento de Jesús en la actualidad:

Todo el pueblo hablaba de las últimas noticias. El emperador César Augusto había promulgado un decreto que ordenaba hacer un censo en el Imperio Romano. Todos los clientes que llegaban a la carpintería de José hablaban de eso. Los de mayor edad se quejaban; los más jóvenes estaban entusiasmados con la idea de viajar a la ciudad de la cual era originaria su familia, donde se reunirían con parientes distantes y harían nuevos amigos. Esa noche José le dio la noticia a María. Tendrían que realizar el viaje hasta Belén, puesto que eran descendientes del rey David.

Demoraron algunos días en realizar los preparativos necesarios. Harían el viaje sin apuros y acamparían para pasar la noche. María no podía caminar los 120 kilómetros. Y aunque cabalgara sobre un asno pasaría incomodidades. El bebé especial que se formaba en ella crecía cada día. Algunos días le era difícil mantener el equilibrio sobre el asno. José hacía lo mejor posible para guiar la cabalgadura, evitando las piedras y los hoyos. Muchos días después llegaron a Belén cuando anochecía.

Todas las posadas estaban llenas. Los cansados viajeros caminaron de una a otra, pero nadie tenía lugar para ellos. Algunos les cerraban la puerta en sus caras, pero otros» los atendían cortésmente. María sentía deseos de llorar. Estaba cansadísima. El viaje había sido muy largo. José llamó a la puerta de otra posada más. Cuando el posadero le había dicho que «no» y comenzaba a cerrar la puerta, alcanzó a ver a María. Vio que estaba embarazada y sintió lástima por la cansada pareja. Les dijo que no tenía ninguna habitación disponible, pero que podían pasar la noche en el establo.

María y José pensaron que era mejor dormir en el establo que pasar la noche en la calle. Estarían abrigados y secos. Aceptaron de buena gana la oferta. Esa noche nació el niño Jesús. María no tenía cuna para él, de modo que José limpió uno de los pesebres, lo rellenó con paja y preparó una humilde cunita. María envolvió con cuidado al bebé Jesús y lo acostó en su cuna. Afuera, en los campos cerca de la ciudad, había varios pastores sentados alrededor de una fogata, conversando tranquilamente y observando las sombras para descubrir alguna amenaza para su rebaño de ovejas. Hablaban del Mesías prometido y oraban a Dios para que lo enviara pronto. A menudo, en las noches, conversaban acerca de las Escrituras y trataban de comprender las profecías. Estaban seguros de que había llegado el tiempo cuando el Mesías debía venir.

Repentinamente el campo se iluminó con una luz resplandeciente. Los pastores se cubrieron el rostro sintiéndose atemorizados. ¿Qué estaba sucediendo? De pronto escucharon una voz musical y bellísima. Un ángel apareció y les dijo: «No teman. Tengo grandes noticias para ustedes y para todos los habitantes del planeta. El Salvador del mundo ha nacido hoy en Belén. Lo encontrarán envuelto en pañales y acostado en un pesebre». El cielo refulgía con un mayor brillo, lleno de ángeles que cantaban alabanzas a Dios y decían: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad»

Los pastores se quedaron sin habla. Nunca habían visto ni oído nada tan hermoso. De pronto los ángeles desaparecieron y todo quedó como antes. Todo se veía oscuro y tranquilo. Por largo tiempo nadie se atrevió a decir nada. Ninguno quería romper el encanto del momento. De pronto todos comenzaron a hablar al mismo tiempo: «Vamos a Belén ahora mismo», dijeron. Dejaron sus ovejas y se encaminaron hacia el pueblo. Al principio caminaron, después trotaron y finalmente corrieron por la ladera del monte hacia el pueblo de Belén. Querían asegurarse de que no se trataba de un sueño.

Encontraron al niño en el lugar que el ángel les había dicho. María y José estaban sentados admirando a su bebé, que permanecía acostado en el pesebre. Los pastores se arrodillaron y adoraron al niño Jesús. Alabaron a Dios por su maravilloso don. Al dirigirse de vuelta a sus rebaños, contaban a todos la visita de los ángeles y las nuevas acerca del bebé que había venido para salvar al mundo.

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Lección de Escuela Sabática para INTERMEDIARIOS
4to Trimestre 2022 
Lección 12: «GOZO PARA TI Y PARA MÍ»
Colaboradores: Karla González & Sandra Mojica

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