viernes , 12 junio 2026
Matinal Para Damas 2015

Fui consolada

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 El cual nos consuela en todos nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. 2 Corintios l:4

Desde que perdí a mi hijo, hace veintidós años, he vivido con el dolor de su ausencia. He aprendido a vivir con esa pena en medio del trajín cotidiano. Eso me ha ayudado a depender de Dios en todo momento. El hace que su paz sobrepuje el dolor, y su gracia me baste en medio de las penas.

Algunos días atrás noté que ya no sentía esa terrible sensación de pérdida; pero hoy, al despuntar el día, la he vuelto a sentir. Fue una tenue incomodidad que envolvía mi corazón. Al levantarme de la cama en esta hermosa mañana, sentí como en un leve susurro las palabras: “Continúa dependiendo de mí, no estarás segura ni feliz si no sigues tomada de mi mano”.

Dirigí mis pasos hacia la biblioteca a fin de tornar un libro de meditaciones y, al abrirlo, leí el título para la reflexión de este día: “Consuelo”. Sé que el Señor supremo, mi amado Jesús, fue quien, llevándome de la mano, me recordó que él es la fuente de todo bien y tiene poder absoluto sobre el mal. Recibí alivio. La lectura fue como un bálsamo para mi dolor.

Quiero detenerme en el texto de nuestra meditación: “El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”. Dios nos da para que demos. Nos consuela para que podamos consolar. Para los que dependemos a diario de ese consuelo de Dios, nos es más fácil atender el dolor de otros y ayudarlos a colocar sus manos doloridas en las manos amorosas de Jesús. Si cada mañana tenemos comunión con él por su Palabra, meditando en su gran amor, recibiremos fuerza espiritual y física para continuar y consolar.

Oh, Dios, ¡gracias por tu consuelo! Concédeme la oportunidad de consolar a alguien.

Y tú, ¿qué pides?

Gicela Columpie

Tomado de:
Lecturas devocionales
para Damas 2015
“Jardines del alma”
Por: Diane de Aguirre

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