«Dios mío, tú eres mi luz y mi Salvación; ¿de quién voy a tener miedos Tú eres quien protege mi vida; ¡nadie me infunde temor! (…) Me puede atacar un ejército, pero yo no siento miedo; me pueden hacer la guerra, pero yo mantengo la calma». Salmo 27:1-3, TLA
ESTAMOS VIAJANDO por la tierra enemiga. Por todas partes hay enemigos dispuestos a detenernos en nuestro avance. Odian a Dios, y a todos los que le siguen y llevan su nombre. Pero los que son nuestros enemigos, también son los enemigos del Señor, y aunque son fuertes y astutos, sin embargo, el Capitán de nuestra salvación, quien nos conduce, puede vencerlos. Así como el sol dispersa las nubes a su paso, también el Sol de Justicia quita los obstáculos que se oponen a nuestro progreso. Podemos reconfortar nuestro espíritu contemplando las cosas invisibles, las cuales nos regocijarán y animarán en nuestro viaje. […].
Si nos aferramos a él por medio de la fe, diciendo como Jacob: «No te dejaré» (Gén. 32:26); si rogamos: «No me eches de delante de ti y no quites de mí tu Santo Espíritu» (Sal. 51:11), se nos hace la promesa: «No te desampararé ni te dejaré» (Heb. 13:5). […].
Hemos leído el relato de un noble príncipe que siempre llevaba el retrato de su padre cerca de su corazón, y en ocasiones importantes, cuando había peligro de olvidarlo, sacaba el retrato, lo contemplaba y decía: «No quiero hacer nada que deshonre a un padre tan excelente». Como cristianos, Dios tiene derechos sobre nosotros que nunca debiéramos perder de vista ni por un solo momento; y como somos hijos suyos por adopción, cuán cuidadosos debiéramos ser en conservar su imagen, y no hacer nada que deshonre o degrade nuestra santa vocación, porque pertenecemos a la familia real. Dios nos ha hecho vasos de honra, preparados para realizar una buena obra. «Este pueblo he creado para mi, mis alabanzas publicará» (Isa. 43:21). Al pueblo de Dios se lo llama «corona, diadema». Satanás está deseoso de apoderarse del tesoro de Jesús, pero el Señor lo ha asegurado de modo que Satanás no pueda apropiarse de él. «Y serás corona de gloria en la mano de Jehová y diadema de realeza en la mano del Dios tuyo» (Isa. 62:3). Estamos seguros, perfectamente seguros contra la sutileza del enemigo, mientras nuestra confianza permanezca inconmovible en Dios.— Carta 8, 1873, pp. 8-9.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Jacqueline Lora & Martha González.

