La Palabra de Dios nos da esperanza en tiempos de desaliento. Nos trae consuelo en tiempos de aflicción. Y nos imparte vida en tiempos de desesperación.
En la ex Unión Soviética, el pastor Pyoter Rumackik fue encarcelado en un gulag (campo de trabajos forzados) a causa de su fe, pero allí descubrió que aún en nuestros peores momentos Dios nos da las fuerzas para satisfacer nuestras necesidades cotidianas.
Su experiencia se tomó particularmente insostenible cuando los oficiales de la prisión le quitaron su Biblia; pero días después, un compañero de encierro le extendió un cuaderno y le dijo:
—Tome, lea este poema.
El pastor lo leyó rápidamente y apenas pudo dar crédito a sus ojos. El poema trataba sobre los sufrimientos de Cristo en el Calvario. Al leerlo, su espíritu se elevó. Y al mirar otras páginas del cuaderno, descubrió aún más poemas, basados en las Escrituras, y numerosos pasajes de la Biblia. ¡El cuaderno estaba lleno de ellos!
El desconocido que se lo dio, le dijo:
—Es suyo. Puede quedarse con él.
Y se fue. Aquel cuaderno lleno de pasajes bíblicos y verdades divinas fue su fuente de aliento en los años subsiguientes, lo que le deparó sus más preciados momentos de comunión con Dios.
Más adelante, el pastor cristiano descubrió —para su sorpresa— que el prisionero que le había regalado el cuaderno ¡era ateo! En épocas cuando este hombre trabajaba solo, por las noches, como pastor en las tierras altas de Mongolia, solía escuchar programas radiales cristianos que elevaban su espíritu y lo inspiraban en sus horas de soledad. Por eso, cuando podía, grababa los programas y copiaba parte de ellos en cuadernos, para matar el tiempo. Cuando después cayó en prisión, se las ingenió para llevar consigo uno de estos cuadernos, pero cuando conoció al pastor Pyoter sintió que debía regalárselo.
Para el ministro cristiano, este pastor de ovejas de Mongolia fue como los cuervos que alimentaron a Elías en la cueva: el portador de la respuesta de Dios a sus necesidades. De nada valió el poder de los guardias. De nada sirvieron los barrotes de la celda. Nada pudo impedir que la Palabra de Dios entrara a aquella cárcel para llegar al alma de su destinatario. No hay grillo que pueda sujetar la Palabra de Dios cuando —viva— se abre paso ante los guardias de nuestras necesidades cotidianas, y aun entre los barrotes de las circunstancias que nos oprimen.
Cuando leamos las promesas preciosas de las Escrituras, digamos, pues, como el salmista: “Porque tu dicho me ha vivificado”.
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Lecturas Devocionales Familiares 2023
«SOBRE TIERRA FIRME »
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal & Paty Solares
