FOMENTAR EL USO DE LOS SALMOS EN LA ORACIÓN

En  la Palabra  de  Dios  contemplamos  el  poder  que estableció  los fundamentos  de la tierra y que extendió  los cielos.  Únicamente  en ella podemos  hallar  una historia  de  nuestra  raza que  no  esté contaminada por el  prejuicio  o el  orgullo  humanos.  En ella  se  registran  las  luchas, las derrotas  y las victorias de los mayores hombres  que el mundo haya conocido jamás.  En ella se desarrollan  los grandes  problemas  del  deber y  del  destino.  Se  levanta  la  cortina  que  separa  el  mundo  visible  del mundo  invisible, y presenciamos  el  conflicto de las  fuerzas encontradas del  bien y del  mal, desde  la  primera  entrada  del  pecado  hasta el  triunfo final  de la  rectitud  y de la  verdad;  y todo ello no es sino una revelación del  carácter  de Dios.

En  la  contemplación  reverente  de las  verdades  presentadas  en  su Palabra,  la  mente …  entra en comunión  con la  Mente  infinita.  Un estudio tal no solo purifica y ennoblece  el carácter, sino que inevitablemente amplía  y fortalece  las  facultades  mentales (Reflejemos a Jesús, p.  107).

Desde  el  tiempo  en que  los  padres  de Jesús  le encontraron  en  el templo, su conducta fue un misterio para ellos. No quería entrar en controversia;  y,  sin  embargo,   su  ejemplo  era  una  lección  constante. Parecía  puesto  aparte.  Hallaba  sus  horas de felicidad  cuando  estaba  a solas con  la naturaleza y con  Dios. Siempre que  podía,  se apartaba del escenario  de  su trabajo,  para  ir a  los campos  a meditar  en  los  verdes valles,  para  estar en comunión  con  Dios en la  ladera  de la  montaña,  o entre  los  árboles  del  bosque.  La madrugada  le  encontraba  con frecuencia  en algún  lugar aislado,  meditando,  escudriñando  las  Escrituras,  u orando.  De estas  horas de quietud,  volvía a su casa  para  reanudar  sus deberes  y para dar un ejemplo  de trabajo paciente (El Deseado de todas las gentes,  p.  69).

Corremos   constantemente  el   peligro  de  creer  que  nos  bastamos a nosotros  mismos,  de confiar  en  nuestra  propia  sabiduría  y no hacer de  Dios nuestra  fortaleza. Nada  perturba  tanto a Satanás  como nuestro conocimiento  de  sus  designios.  Si  sentimos  nuestro  peligro,  sentiremos  nuestra  necesidad  de  orar,  como  la  sintió  Nehemías,  y  como  él obtendremos esa  sólida  defensa  que  nos  dará  seguridad   en  el  peligro. Si   somos   negligentes  e  indiferentes,  seremos   ciertamente  vencidos por  los designios de  Satanás.  Debemos ser vigilantes.  Aunque, como Nehemías,  recurramos a la oración,  llevando  todas  nuestras  perplejidades y cargas  a Dios,  no debemos  creer  que no tenemos  nada que hacer. Debemos  velar  y orar (Testimonios para la iglesia, t. 3, p.  627).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2024.
1er. Trimestre 2024 «EL LIBRO DE SALMOS»
Lección 02: «ENSÉÑANOS A ORAR»
Colaboradores: Jeser Alejandro Tique y Esther Jiménez

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