
De allí fuimos a un bosque, no sombrío como los de la tierra actual, sino esplendente y glorioso en todo. Las ramas de los árboles se mecían de uno a otro lado, y exclamamos todos: “Moraremos seguros en el desierto y dormiremos en los bosques”. Atravesamos los bosques en camino hacia el monte de Sión […].
Sobre el monte había un hermoso templo […]. Toda clase de árboles hermoseaban los alrededores del templo: el, boj, el pino, el abeto, el olivo, el mirto, el granado y la higuera doblegada bajo el peso de sus maduros higos, todos embellecían aquel paraje […].
Vi una mesa de plata pura, de muchos kilómetros de longitud, y sin embargo nuestra vista la abarcaba toda. Vi el fruto del árbol de la vida, el maná, almendras, higos, granadas, uvas y muchas otras especies de frutas. Le rogué a Jesús que me permitiese comer del fruto.—Primeros Escritos, 18-19 (1851).
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EVENTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
CAPITULO: 20 ″LA HERENCIA DE LOS SANTOS″
Por: Elena G De White
Colaboradores: Adriana Jiménez & América Lara