miércoles , 15 abril 2026
Matinal de Jóvenes 2026

Felices los que lloran

 

«Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» Mateo 5: 4

En diciembre de 2017, durante la grabación del programa Perfil musical del canal Nuevo Tiempo en portugués, viví un momento de gran emoción. Después de cantar durante trece años en el cuarteto Arautos do Reil finalmente había llegado el momento de la despedida.  Aquella sería mi última presentación con el cuarteto antes de asumir un distrito pastoral.

Confieso que tenía un nudo gigante en la garganta en la última canción, «me cayó la ficha» y comencé a llorar de manera compulsiva. El llanto es un lenguaje universal desde el nacimiento, lloramos para expresar alegría, tristeza, miedo y nostalgia. Las lágrimas dan sabor a nuestros días grises y llenan de color las sonrisas más espontáneas. Formadas por agua, sal, aceite y proteínas, son capaces de expulsar la angustia del alma y expresar lo inexplicable aun cuando sean provocadas por cebollas, vale la pena derramarlas.

Mientras que para algunos el llanto es señal de debilidad, para Jesús es motivo de alegría («Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» es la increíble paradoja que el Maestro de los maestros nos enseñó en el Sermón del Monte. El propio Jesús lloró frente a la tumba de su amigo Lázaro sollozó por Jerusalén y «ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas» por los pecadores (Heb 5:7) uno de los versículos más cortos de la Biblia, «Y Jesús lloró» (Juan 11: 35), revela la sensibilidad del corazón más grande que la humanidad haya conocido.

Sin embargo, la esencia de esta bienaventuranza no está en el llanto del duelo o de una pérdida, sino de un corazón arrepentido por ser parte del motivo que ocasionó la muerte del Hijo de Dios David, por ejemplo, después de reconocer su pecado, lloró amargamente (2 Sam 15: 30) Lo mismo ocurrió con Pedro (Luc 22: 62), Jacob(Ose 12:4 ) y otros personajes de la Biblia.

Para el Cielo, el llanto de un corazón quebrantado es motivo de gran alegría. ¿Alguna vez lloraste de tristeza por algún error cometido?. Muchas personas lloran en las películas o cuando su equipo favorito gana, pero nunca han derramado lágrimas de arrepentimiento por herir el corazón de Dios.

¿Quieres un consejo hoy? Pídele al Espíritu Santo que haga tu corazón más sensible si lo necesitas llora. Un día, todas esas lágrimas serán secadas de tu rostro, aunque duren una noche o mil años Todo llanto será enjugado por las amorosas manos de Jesús.

«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González

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