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Notas de Ellen G. White 2023

EXCUSAS PARA ELUDIR LA MISIÓN

A pesar de lo impía que Nínive había  llegado  a ser,  no estaba completamente entregada  al mal. El  que «vio a todos los hijos de los hombres»  (Salmo 33:13)  y cuyos «ojos vieron todo lo  preciado» (Job 28:10)  percibió que en aquella  ciudad muchos procuraban  algo mejor y superior, y que si  se les concedía  oportunidad  de conocer al Dios viviente,  renunciarían a sus malas acciones y le adorarían.  De manera que en su sabiduría  Dios se les reveló en forma inequívoca, para inducirlos, si era posible, a arrepentirse.

El  instrumento escogido para esta obra fue el profeta Jonás, hijo de Amitai.  El  Señor le dijo:  «Levántate,  y ve a Nínive,  ciudad  grande,  y pregona contra ella; porque su maldad ha subido delante de mí». Jonás 1:1, 2.

Mientras  el profeta pensaba  en las  dificultades  e imposibilidades aparentes  de lo  que se le  había encargado,  se sintió  tentado a poner en duda la  prudencia del  llamamiento.  Desde un punto de vista humano, parecía  que nada pudiera  ganarse proclamando  un mensaje tal  en aquella  ciudad orgullosa.  Se olvidó por el momento  de que el Dios a quien servía era omnisciente y omnipotente. Mientras vacilaba y seguía dudando,  Satanás  le  abrumó  de desaliento.  El  profeta  fue dominado por un gran temor, y «se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis.» Fue a Jope, encontró allí un barco a punto de zarpar y «pagando su pasaje entró en él, para irse con ellos». Vers.  3 (Profetas reyes, pp. 198, 199).

Cuando en lo antiguo Dios daba luz a su pueblo, no obraba exclusivamente por una sola categoría  de individuos. Daniel era príncipe de Judá.  Isaías era también de estirpe real. David y Amós eran pastores de ganado;  Zacarías era  un cautivo  vuelto  de  Babilonia;  Elíseo era labrador.  El  Señor suscitaba  como representantes  suyos a profetas  y príncipes, nobles y plebeyos,  y les enseñaba  las verdades que debían transmitir al mundo.

A todo aquel que llega a ser partícipe de su gracia, el Señor le señala una obra que hacer en favor de los demás.  Cada cual ha de ocupar su puesto,  diciendo:  «Heme  aquí, envíame a mí.» Isaías 6:8.  Al  ministro de la Palabra, al enfermero  misionero, al médico  creyente, al simple cristiano,  sea negociante o agricultor,  profesional  o mecánico, a todos incumbe la responsabilidad.  Es tarea  nuestra  revelar a los hombres  el evangelio  de su salvación.  Toda  empresa en que nos empeñemos debe servimos  de medio  para dicho  fin.

Los  que  emprendan  la  obra  que  les  fue  señalada   no  solo  serán fuente de bendición para otros, sino que ellos mismos  serán  bendecidos. El sentido del deber  cumplido  influirá de modo reflejo en sus almas. El desalentado olvidará  su desaliento, el débil  se volverá  fuerte,  el  ignorante,  inteligente, y todos  encontrarán ayuda  segura  en  Aquel  que  los llamó (El ministerio de curación, p.  106, 107).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
4º. Trimestre 2023 «LA MISIÓN DE DIOS: MI MISIÓN»
Lección 5: «EXCUSAS PARA ELUDIR LA MISIÓN»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

 

 

 

 

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